Como habrás podido observar en todos los medios de comunicación, ayer el pueblo argentino pudo expresarse sin restricciones, sin disturbios ni banderías políticas, demostró que puede autoconvocarse sin favoritismos ni incentivos partidarios. Esto es vivir en democracia, sin censura ni miedo a compartir opiniones contrapuestas con nuestros semejantes.

Fue emocionante ver a la gente en las calles compartiendo un mismo sentimiento: nadie se manifestó como radical, peronista, liberal o de izquierda, por nombrar solo algunas preferencias políticas: así fue en la esquina de Avenida Santa Fe y Coronel Díaz, a pocos metros del shopping.

Vecinos, ciudadanos, gente común, trabajadora, la mayoría promediando los 40 años, manifestándose sanamente, intentando “hacer ruido” como pudieran, aplaudiendo, golpeando una cacerola o una tapa de metal y lo más importante de todo: a cara descubierta. No había mala fe en esa gente, solo exteriorizaban su disconformidad en relación al contexto económico-social actual.

Lo más relevante no fue el motivo de reunión, la protesta en sí, sino el hecho de que hayan podido hacerlo, ya que esto no hubiera sido posible si no viviéramos en un país en el cual se prioriza la libertad individual para hacer lo que uno desee, dentro del marco del respeto al prójimo.

Sin embargo, sucedió algo que me llamó la atención: una señora de alrededor de 50 años de edad que estaba aplaudiendo en el lugar, me vio sacando fotos, filmando, recorriendo, observando cómo transcurrían en calma los acontecimientos. Esta señora se me acercó y me dijo: “¿Por qué filmas? No tenés que filmar”. Le comenté que soy periodista, solo eso y agregó: “Yo no quiero que me filmes”.

Más allá de que a esa señora no la filmé ni la fotografié, me quedé con el sabor amargo de pensar que todavía tal vez haya gente que tiene miedo de hablar, de manifestarse públicamente. Pero hay algo más… lo que me llamó la atención de esa señora es el sentimiento contradictorio que, por un lado, la hizo movilizarse hasta esa esquina para manifestarse en contra de lo que no está de acuerdo, pero por otro, la llevó a decirme que no quería que la filmara, como si no quisiera que quedara registro de que ella había estado ahí.
¿Será que la señora no estaba convencida de su reclamo o que realmente tenía miedo de quedar registrada por alguna cámara? Seguramente fue lo primero: solo se acercó a ver qué pasaba, el típico “vi luz y entré”, ¿no?

Reconforta saber que estamos en un país en el que ejercemos plenamente nuestras libertades, en el que paulatinamente son incluidas las minorías, en el que se están intentando superar las diferencias de género. Luego de casi 30 años de democracia no puedo creer que se haya tratado de miedo, decime que no es miedo…

Un comentario de “Reflexiones sobre una jornada diferente

  1. Martín dice:

    No estoy de acuerdo con tu opinión sobre la señora, podía estar convencida de su reclamo, pero no quería que se viera su cara en una foto, sabés porque? Porque puede trabajar en el estado o en una de las empresas del mismo y si se queda sin trabajo, donde consigue otro con 50 años?
    Si bien son opiniones, hay que medir lo que uno dice.
    El resto me pareció correcto.
    Un saludo

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