Es buen momento para reconocerlo. No somos pocos los que nos jactamos de ser machos de arrabal, pedimos chori en el entretiempo, juramos amor eterno a la camiseta y, cuando empieza el torneo, nos ponemos histéricos chusmeando web por web el nuevo diseño de la pilcha que vamos a besar los próximos meses.

Es un parto la búsqueda de esa imagen que nos devele el misterio. Se corren los rumores… dicen que van a usar el diseño original de cuando se fundó el club… otros aseguran que esta vez parece que la marca impuso otros colores… no, me dijeron que está muy buena, es parecida a la del campeonato que ganamos en el año… no. Nada de eso sirve cuando la ves ahí, con el pecho inflado y desafiante, mirándote fijo y murmurándote de frente un “acá estoy, te guste o no. Vas a tener que quererme doce meses”.

Para el futbolero de ley no es broma la camiseta. En otra nota ya me explayé sobre la del Barcelona. Ya le di duro y parejo, porque con la casaca no se jode, che. Uno la lleva desde la cuna al cajón, como repetimos una y otra vez en el tablón. Pero esta marca viene, firma un par de años como si nada y se va. Yo no, yo me la compro y la tengo para toda la vida.

Por todo esto, para ese selecto y acallado grupo, a continuación viene un torneo paralelo, donde los puntos no se consiguen metiendo más goles, ni aguantando atrás de visitante. Acá se consiguen por innovación, por respetar la tradición, por tener la mejor visitante o simplemente, porque la publicidad se integra y respeta la camiseta.

En este asunto que da para cortar tela, es irónico que el campeón en el césped seguramente ocupe el último lugar en la pasarela: Arsenal de Sarandí no tuvo ni tiene una buena indumentaria, aunque a modo de defensa resulta muy difícil combinar una banda roja cruzada sobre celeste.

Entre las mejores, sin lugar a dudas están Estudiantes de La Plata, River Plate y Vélez Sarsfield. No es coincidencia que los tres hayan dejado de lado los firuletes y tengan unos diseños simples y de acotada paleta sumada al blanco. En estos casos además el auspiciante ocupa el espacio justo y necesario. Vale aclarar que sus economías y renombre les permiten tener un solo sponsor, lo cual no es poca cosa en los tiempos que corren. Cuántas veces vemos en el ascenso, partidos donde pareciera que se enfrentan 22 corredores de automovilismo. Igualmente, el león de La Plata tiene los números en la espalda complicados de diferenciar.

Atrás quedó la polémica línea blanca en la casaca de Boca Juniors. No la publicidad de electrodomésticos y tecnología, sino la que Nike le impuso por su diseño seriado que incluía un borde blanco a cada lado de la franja amarilla, y ahora el azul es en serio azul para los xeneizes. Buen diseño. Otro que gracias a su simpleza siempre aprueba es Independiente. La inestabilidad institucional no se refleja en los últimos años en sus camisetas, je. Siempre parejito y bien.

En cuanto a camisetas suplentes, es donde las empresas deportivas se dan el lujo de innovar más. Los aplausos esta temporada se los lleva Colón de Santa Fe con sus rayas rojas y negras verticales a lo Adidas en el AC Milan. Y si no fuera porque el diseño es exclusivo para la Copa Argentina, otra vez el fortín estaría en el podio con el conjunto negro con la V azulada.

Antes de que suene el silbato, quiero destacar, aunque pertenezca a otro rubro, la nueva indumentaria de Los Pumas, sinceramente muy buena. Y volviendo al fútbol, aunque al mencionarlos se identifique con el rugby, la selección de Nueva Zelanda tiene la mejor camiseta del mundo.

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