«Scream 7»: una lágrima sobre el teléfono

La saga que iniciaron Wes Craven y Kevin Williamson en la década del 90 regresa con una nueva entrega, coincidiendo con su 30° aniversario.

Cuando se estrenó «Scream: vigila quién llama» («Scream», 1996), el panorama del cine de terror era bastante lúgubre. La mayoría de las sagas iniciadas en las dos décadas anteriores («Viernes 13», «Pesadilla» y «Halloween», entre otras) seguían llevando público a las salas, pero ya habían terminado o se habían convertido en parodias de sí mismas. Fue la película escrita por Kevin Williamson y dirigida por Wes Craven la que consiguió renovar el género y devolver el terror a nuevas generaciones.

Treinta años después llega a las pantallas «Scream 7» (2026). Esta nueva entrega no solo marca el regreso de Sidney Prescott (Neve Campbell) -ausente de la anterior- sino, también, la vuelta de Williamson, quien se había alejado de la franquicia tras la cuarta secuela y que en esta ocasión participa como coguionista y director.

En esta oportunidad, Sidney Prescott parece haber logrado rehacer su vida en un pequeño pueblo lejos de la violencia que marcó su pasado. Sin embargo, su hija Tatum (Isabel May) comienza a ser acechada por un nuevo asesino bajo la máscara de Ghostface. El nombre no es casual: Tatum era también el de la mejor amiga de Sidney en el filme original de 1996, interpretada por Rose McGowan, lo que sugiere un guiño interno de la saga. Decidida a proteger a su familia y ayudada por Gale Weathers (Courteney Cox), Sidney deberá volver sobre ese pasado para intentar poner fin a esta cadena de asesinatos.

Al contrario de sagas como «Halloween», donde no es extraño que una nueva entrega elimine ciertas secuelas de la continuidad narrativa, el guion de Williamson y Guy Busick considera canon las entregas dirigidas por Wes Craven (de la 1 a la 4) tanto como las dos siguientes, realizadas por Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett (también conocidos como Radio Silence). Incluso un problema externo, como la disputa contractual que dejó a Neve Campbell fuera de «Scream VI» (2023), recibe aquí una explicación dentro del propio universo de la saga y termina convirtiéndose en el motor de esta nueva entrega. El problema es que esa reverencia a todos los sucesos de las seis entregas anteriores acaba siendo, precisamente, el mayor problema de esta secuela.

La característica central de esta es que sus personajes deben enfrentarse a los tropos clásicos del terror: las tres primeras entregas trabajan sobre las «reglas» de una trilogía del subgénero slasher, «Scream 4» (2011) comenta las remakes que estaban en boga en ese momento, mientras que «Scream» (2022) y «Scream VI» son legacy sequels, donde personajes nuevos viven situaciones similares a las de la primera entrega y deben «recibir la antorcha» de los originales. En todos estos casos, la idea es satirizar el género o las tendencias del momento.

«Scream 7», en cambio, se convierte en una referencia constante a las entregas anteriores de la saga. Sidney Prescott, quien comenzó como avatar de la final girl, ahora es sinónimo de esa figura dentro de su propia serie. Su trauma, los asesinos del pasado, todo se organiza para crear una nueva amenaza donde la Inteligencia Artificial podría ser parte de la ecuación. Es por eso que, cuando llega la inevitable explicación, esta salta de lo inverosímil a lo absurdo en un pestañeo. Y, si bien algunas de las muertes son memorables, porque para eso seguimos viendo este tipo de películas, el mayor pecado de esta secuela es que tanta reverencia termina volviéndola aburrida.

¿Esto significa el fin de «Scream»? Todo lo contrario. Con un presupuesto de 47 millones de dólares y una recaudación internacional de más de 100 millones durante su primer fin de semana, es difícil imaginar que Ghostface cuelgue el teléfono en el futuro cercano.

«Scream 7» estuvo dirigida por Kevin Williamson, contó con las actuaciones de Neve Campbell, Isabel May, Jasmin Savoy Brown, Mason Gooding, Anna Camp, Joel McHale y Courteney Cox. Puede verse en cines de todo el país.

Artículo elaborado para puntocero por Martín Vecchio.