Son muchos los interrogantes que, hasta el momento, sumamos a nuestra ignorancia sobre el nuevo virus que obliga a la humanidad a aislarse y permanecer encerrada. En medio de esta bruma de dudas, aparecen rumores de reorganización global, repartición de poderes y alianzas ante la posible 3° Guerra Mundial. Las balas que fueron compradas durante años por naciones poco estratégicas permanecen guardadas. No se pueden utilizar ni cambiar por respiradores o medicinas.

Ahora los esfuerzos apuntan a la búsqueda de una vacuna que garantice la vida y detenga el avance del COVID-19. La pandemia causó más de 342.000 muertos y más de 5,3 millones de contagios en todo el mundo. Este domingo oscureció la fiesta de Aíd al Fitr, que marca el final del Ramadán para cientos de millones de musulmanes. Así como pasó con el festejo de la Semana Santa de la Iglesia Católica, la ceremonia precedida por una cantidad reducida de fieles demostró las consecuencias de la pandemia.

Una relación de conflicto

Con una oleada de ataques verbales, la crisis sanitaria exacerbó las ya ásperas relaciones entre China y Estados Unidos y las dos potencias compiten por encontrar la solución a la situación. China, a la que responsabilizan del virus, advirtió que sus relaciones con Estados Unidos están «al borde de una nueva Guerra Fría», tensadas aún más por la pandemia de COVID-19 que avanza a grandes pasos en la nación que lidera Donald Trump.

El ministro chino de Relaciones Exteriores, Wang Yi, aseguró desde Beijing que Washington se había infectado con un «virus político» que aprovecha «todas las ocasiones para atacar y difamar a China», y añadió que «algunas fuerzas políticas de Estados Unidos están tomando como rehén las relaciones entre China y Estados Unidos y empujando a nuestros dos países al borde de una nueva Guerra Fría», dijo el canciller a los periodistas durante una rueda de prensa el 24 de mayo.

Ejemplos televisados

No es un secreto que para el presidente de los Estados Unidos la estrategia más exitosa es utilizar a los medios de comunicación como aliados. Su ejemplo queda televisado al igual que su discurso, que hace eco en Latinoamérica y que parece imitar su par brasilero Jair Bolsonaro. Salir a la calle sin medidas de protección a desmentir a la Organización Mundial de la Salud (OMS), incitar a la apertura económica y la confianza ciega en medicamentos que no tienen un aval contra el COVID-19 manejan el «gigante del sur» y el «poderoso del norte».

Hoy Brasil y Estados Unidos encabezan el listado de decesos por coronavirus y los países enfrentan cuestionamientos sobre el manejo de los recursos, los medios de comunicación y las tareas en el sector salud. Trump, que quiere flexibilizar el confinamiento y reactivar la economía, hizo el sábado 23 de mayo un gesto para marcar a la población una vuelta a la normalidad y se fue a jugar el golf a su club en Virginia, cerca de Washington, por primera vez desde el 8 de marzo.

Mientras tanto, China y su ministro aseguran que están «abiertos» a una cooperación internacional para identificar el origen del letal virus y será de manera «profesional, justa y constructiva» y sin «injerencia política», como dice Wang Yi. Trump incita a una demanda y posible indemnización a China por su responsabilidad en la pandemia.

Si bien el enfrentamiento político, económico, social e informativo no llegan a desencadenar una guerra mundial, como ocurrió en 1945, la gravedad de los conflictos económicos, políticos e ideológicos -sumados a la pandemia presente-, pueden marcar significativamente gran parte de la historia del Siglo XXI. Las dos superpotencias ciertamente deseaban y desean implantar su modelo de gobierno en todo el planeta.