«The boys», contracultura pop

Este 4 de septiembre se estrena la segunda temporada de «The Boys», la serie creada por Eric Kripke, Evan Goldberg y Seth Rogen, que inició con sus primeros 8 episodios una historia de superhéroes de la contracultura pop, con héroes y antihéroes desprendidos del canon y sin dejar de ser, en sí misma, parte de la industria que parodia.

El universo

Basada en el cómic homónimo escrito por Garth Ennis e ilustrado por Darick Robertson, «The Boys» imagina cómo sería nuestro mundo si los superhéroes verdaderamente existieran. Con esa base, los elementos que aparecen funcionan como hipótesis comparables directamente con nuestra realidad y lo que hoy conocemos como empresas arrolladoras que nos llenan de películas y merchandising, entiéndase Disney, por ejemplo.

Los superhéroes de este mundo son una marca, forman parte de una corporación llamada Vought que los representa y monetiza sus trabajos. Madelyn Stillwell (interpretada por Elisabeth Shue) negocia los contratos millonarios para que ellos actúen en las distintas ciudades, atrapen criminales e impartan «justicia». Su grupo principal son «Los Siete», compuesto por una selección que se asemeja bastante a la formación de DC Comics y, además de combatir el crimen, también son estrellas y sus caras están impresas en cuanto objeto exista. Pero Vought no solo vive del marketing sino que también tiene intereses más oscuros, y el gran objetivo de la primera temporada fue hacer todo lo necesario para ser incluidos en el ejército de Estados Unidos, y pudimos ver el lobby, las jugadas políticas y hasta extorsiones para lograrlo.

Dentro de esta lógica podemos entender que la impunidad con la que puede manejarse esta corporación que, a su vez, cuenta con el poder intimidatorio de que sus figuras principales son más fuertes y letales que cualquier humano o arma.

Los personajes

Existen dos bandos que se van a enfrentar: por un lado están los superhéroes que ya conocimos, y por otro están los muchachos que le dan nombre a la serie, un grupo de civiles reunidos por Billy Butcher (en la piel de Karl Urban), un manipulador con un egoísmo espectacular que quiere vengarse personalmente de todos los llamados dioses, y particularmente de Homelander (Antony Starr).

A estos grupos de suman dos personajes con convicciones que quiebran las estructuras cínicas de cada equipo. Hughie Campbell (Jack Quaid) pierde a su novia al ser atropellada y desintegrada en mil pedazos por A-Train (una especie de Flash interpretado por Jessie T. Usher) y es convocado por Butcher para ayudar en su cruzada. Paralelamente y por parte de los superhéroes, se suma a la formación de «Los Siete» Starlight (Erin Moriarty), una nueva heroína que se resiste a vender sus principios al sistema superficial, frío y calculador de Vought.

Uno de los puntos más interesantes de la serie es que revierte la idea fabricada de que un mundo con poderes puede ser fantástico como lo plasma Marvel y, por el contrario, incorpora las miserias humanas a la ecuación para imaginar el peligro que representarían a merced de la perversión.

Otra de las características de los personajes es que hay una diversidad muy genuina en la composición del cast, con una intención muy marcada de distanciarse de la hegemonía donde los superhéroes son, además, súper modelos. Y es verdaderamente una bocanada de aire fresco poder ver a una mujer como Elisabeth Shue, de casi 60 años, en un papel de carácter, inteligencia, poder y sensualidad, cuando los personajes femeninos de otros productos de la industria de los cómics adaptados al cine y TV en general no superan los 30 años de edad.