En los últimos años hay un reposo del cine uruguayo sobre lo fantástico -en términos de género y estilo- para narrar un presente.
Desde «Virus 32» hasta la reciente «El tema del verano», se advierte un interés por trascender las historias a otro nivel, más allá de un realismo visto décadas atrás gracias a la irrupción de una nueva camada de directores. En su ópera prima, «Los tiburones», Lucía Garibaldi proponía una alegoría sobre el despertar sexual de una joven, articulado con la presencia de unos tiburones en acecho durante una temporada de verano. Con tan solo eso -que no es poco, por cierto-, esta joven realizadora ya se ubicaba en una zona de promesas, a la espera de sus futuros proyectos.
«Un futuro brillante» es la segunda película de Garibaldi y rápidamente puede enhebrarse una costura con su debut, mientras que “Los tiburones” presenta un relato de iniciación adolescente, aquí lo que tenemos es la cruda realidad de una adultez temprana vivida por Elisa (Martina Passeggi), una joven encerrada en un presente ucrónico donde el país está dividido entre el norte y el sur, ya no hay animales y la juventud es considerada un bien preciado por la caída abrupta de la tasa de natalidad. Para ella hay una salida de ese mundo que la rodea a través de un trabajo ofrecido en el Norte debido a su coeficiente intelectual alto, aunque significaría dejar a su madre. Más allá de este futuro promisorio que le espera, Elisa empieza a navegar un mar de dudas y eso se profundiza con la llegada de una nueva vecina (Sofía Gala Castiglione), con la que inicia un vínculo.
La ciencia ficción, en términos generales, se ocupa de presentar los miedos del presente proyectados en una dimensión paralela, ya sea en tiempo y/o espacio. En «Un futuro brillante», las problemáticas de hoy están desperdigadas, se ven y se sienten sin la necesidad de ser mencionadas. El foco está en los detalles y no en los grandes temas, es así que funcionan grandes momentos como las escenas de los viejos sentados en círculo para «oler la juventud» de la protagonista, quien ve esta demanda como una oportunidad o el pavor desatado en la madre cuando aparece una hormiga en la mesa, un indicio -en apariencia- de una peste.
La premisa de la película nació de una noche en la que la propia Lucía Garibaldi se vio caminando sola por una calle oscura, la sensación de la sentir que todas las miradas estaban sobre ella le hizo pensar en «¿qué pasaría si fuera la única mujer joven que queda?» y, a partir de esa pregunta, se construyó este mundo agrietado desde la cartografía, pero también desde la ideología en modelos de vida, algo que se coló en las conversaciones de la mal llamada «batalla cultural».
Las conexiones con «Brazil» de Terry Gilliam y «Gattaca: Experimento genético» de Andrew Niccol aparecen en forma de una ciencia ficción preocupada por la existencia, los deseos y las ambiciones corrompidas por un mundo supuestamente orientado hacia una modernización a favor del progreso. ¿Futuro o presente real?
«Un futuro brillante» estuvo dirigida Lucía Garibaldi y contó con las actuaciones de Martina Passeggi, Sofía Gala Castiglione, Alfonso Tort, Soledad Pelayo y Fernando Amaral.