Lilian Steiner (Jodie Foster) es una psiquiatra estadounidense radicada en París, allí encontró su lugar en el mundo y también la posibilidad de armar una familia, más allá de que la relación con su hijo joven adulto sea turbulenta y que viva sola después de un divorcio. Una particularidad -o peculiaridad- es que esta profesional graba todas sus sesiones y que, además, lo hace en el formato mini disc. Este dato cobra importancia cuando una paciente aparece muerta. La primera presunción es suicidio, aunque para Lilian existen muchas dudas, las cuales se alimentan a partir de ciertos hechos extraños que comienzan a suceder en su vida.
La película sigue el camino detectivesco sin muchos desvíos y, quien acompaña a la protagonista, es su exmarido, Gabriel (Daniel Auteuil), un personaje que aparece para ubicar el relato en el lugar de la razón frente a muchas dudas y una sospecha en crecimiento sobre el papel del hermano de la fallecida. Lo mejor está en ellos dos, en cómo se reconectan frente a un hecho inusual en la vida de dos psiquiatras parisinos bastante aburridos por sus devenires y, como espectadores, podemos intuir hacia dónde conduce la trama policial.
La vida de Lilian ya estaba ubicada en una fase de desborde, el caso de su paciente desata el punto de ebullición provocador de una explosión en sus diferentes relaciones. Mientras todo se desmorona a su alrededor, su investigación la lleva por ciertos rincones oscuros, más propios que ajenos.
Jodie Foster es una verdadera leyenda de la actuación, una referente desde su aparición en «Taxi Driver», legitimada por la industria con «El silencio de los inocentes». En el medio y después aceptó diferentes desafíos con mejor y peor suerte, entre ellos el de dirigir películas y capítulos de series. Su bajo perfil y su criterio bien definido la pusieron en una sombra frente a los reflectores de Hollywood, además de recibir pocos papeles potables para actrices de mediana edad, un mal de siempre para las mujeres, hoy incrementado por la escasez de proyectos «para adultos».
Así nos encuentra la actualidad del cine comercial: celebrando el estreno de «La invitación» porque cuenta una historia de cuatro adultos de mediana edad, quienes se juntan en una cena donde se abordan temáticas de una escala humana. Esta distinción que hubiera pasado desapercibida hasta hace pocos años, hoy resulta una anomalía. Lo mismo sucede con «A Private Life», su gracia es que se trata de una película francesa, porque todavía en esas latitudes las historias pueden rondar la vida real con variaciones extraordinarias, ya que la nostalgia no representa una ausencia de elementos fantásticos sino que el cine comercial apunta, en su mayoría, hacia todos los frentes en su búsqueda de masividad instantánea. El caso de esta película dirigida por Rebecca Zlotowski es que, en Argentina, al menos, esquivó la cartelera y pasó sin escalas a engrosar el catálogo de una plataforma, es decir, que todo sigue igual de mal.
«Una vida privada» («Vie privée») estuvo dirigida por Rebecca Zlotowski y contó con las actuaciones de Jodie Foster, Daniel Auteuil, Virginie Efira, Mathieu Almaric, Vicent Lacoste y Luàna Bajrami. Puede verse en la plataforma HBO Max.