El miércoles 5 comenzó a debatirse en la Comisión de Asuntos Constitucionales del Senado el proyecto de ley que aspira a modificar el Código Electoral con el fin de ampliar el sufragio a los jóvenes de 16 años. Esto constituiría un derecho, no una obligación. Asimismo,  proponen que puedan participar en los comicios los extranjeros que acrediten tener una residencia en el país de 2 años (como mínimo). En resumen, los chicos de 16 años y los residentes extranjeros podrían votar si lo desean,  como sucede actualmente con los mayores de 70 años.
El proyecto despertó reacciones adversas, sobre todo en la opinión pública, por ejemplo, el arzobispo de San Juan Alfonso Delgado, manifestó su preocupación y argumentó que ha visto tales procedimientos en otros países a los cuales no puede llamar democráticos (en referencia a Cuba y Venezuela). Pero en el Senado no solo el oficialismo apoyó la idea, el diputado Claudio Lozano del Frente Amplio Progresista (FAP) se manifestó a favor, así como la diputada Victoria Donda. De hecho el FAP había presentado una propuesta muy similar. Por su parte, Francisco De Narváez y Patricia Bullrich se proclamaron en contra. Un dato llamativo es que ambos estaban de acuerdo en bajar la edad de imputación a 14 años.
Las personas más reacias a considerar esta  medida plantean que la misma esconde fines electoralistas. Creo que es importante destacar que los jóvenes solo tendrán la opción de votar, y nadie puede garantizar qué elegirán. A esto se suma el fenómeno de la actual participación juvenil en los partidos políticos,  un hecho innegable, que según mi visión habla bien de nosotros como sociedad y enriquece la democracia.
Podría  compararse la ampliación del derecho de sufragio con otros derechos de los cuales los posibles votantes no gozan, tales como: casarse, salir del país sin autorización, sacar licencia para conducir. Se argumenta que si son considerados aptos para elegir un gobernador o un presidente es ilógico que no puedan decidir con quién casarse y ejecutarlo de forma independiente. Todas las posturas poseen argumentos válidos y complejos.
Para  expandir la comparación: en Austria, Ecuador y Brasil  los jóvenes de 16 años votan. Es curioso que suela tomarse a Brasil como un  modelo a seguir pero se ignore como referente en este tema.
Podemos estar de acuerdo o disentir. Pero el proyecto está siguiendo las vías institucionales previstas para las modificaciones de los Códigos y está siendo tratado en un órgano colegiado donde también se encuentran representadas las minorías, por lo cual incluye a todos. Veremos si en las próximas elecciones el “todos” es aún más abarcativo.