Lo sabio del cuerpo permite, una vez al mes, huir de la rutina y vaciar el cuerpo, sangrar de entrañas. Los sentimientos afloran y las hormonas estallan. Ha de venir un torrente que baña y nutre. La sangre da vida, purifica y santifica. No siempre es indoloro, más bien fluye con impotente garbo y lo inunda todo. Aproximadamente, más de la mitad de los cuerpos humanos que habitan este mundo han sentido o sentirán alguna vez este fluido de esa manera extraña. Sin embargo, resulta difícil asimilar que ha de ser tabú y a su vez mal, que en pleno Siglo XXI aún sea pecado y vergüenza menstruar.

En los años 30 la estadounidense Leona W. Chalmers presentó la patente de la copa menstrual: constaba de un recipiente fabricado con caucho vulcanizado, no muy distinto al que se consigue actualmente en el mercado. Fue la misma época en la que el doctor Earle Haas patentó una empresa con un nombre muy conocido hoy día: Tampax. Desde aquel entonces, ya se pensaban en alternativas para que la mujer transcurriera de manera desapercibida y casi invisible ese periodo.

Es indudable el gran éxito del doctor Haas, no obstante, la solución genera una contaminación que puede llegar a niveles catastróficos para el medio ambiente.

Cuida el medio ambiente y tu bolsillo

Cuando los tampones se desechan correctamente y se tiran a la papelera, acaban en vertederos donde la falta de oxígeno hace que puedan tardar siglos en degradarse porque están hechos de fibras muy densas. Tenemos una media de 520 ciclos a lo largo de nuestra vida (unos 40 años aproximadamente) y usamos unos 18 tampones o toallitas en cada menstruación, lo que supone 234 al año y 9.360 a lo largo de toda nuestra vida. Todos estos son cálculos aproximados, hay quien sube esta cifra hasta los 16.000 tampones o compresas porque, claro está, depende de cada mujer.

Efectivamente, la copa menstrual acerca una solución para no seguir generando montones de desechos, ya que esta permite almacenar la sangre que se genera durante el periodo, vaciar y volver a utilizarla. Solo se debe tener en cuenta un lavado meticuloso del artículo antes de la próxima utilización. Además, tiene una vida útil de 10 años y, sin dudas, también cuida la economía femenina porque en el mercado los productos más caros en las góndolas de higiene y cuidado son los tampones, las toallas higiénicas y los protectores diarios.