La cifra de víctimas fatales como consecuencia de los atentados este martes en Bruselas, Bélgica, asciende a 40 personas, mientras que aún hay casi un centenar de heridos por las detonaciones de terroristas del Estado Islámico a las 7 de la mañana (hora local) en el Aeropuerto Internacional de Zaventem y una hora más tarde en la estación del metro de Maalbeek.
Al respecto de las hipótesis que se manejaban como causante de los ataques, fue confirmado que la agrupación Daesh se autoproclamó como responsable, ya que no solo se creía que se trataba de una respuesta por la captura de Salah Abdeslam el viernes pasado en Bruselas (se trata del joven que coordinó el atentado de 2015 en París y era buscado por la coalición que combate en Siria), sino que horas después del suceso se emitió un comunicado en el que confirman que llevaron adelante los actos con premeditación.
«Seis de nuestros hermanos azotaron la tierra de los ingratos, dos de los cuales se martirizaron. Seguiremos con nuestras operaciones. No tendrán paz», expresa el texto emitido por Daesh. Por su parte, el primer ministro belga, Charles Michel, lamentó el hecho y adelantó que estaban al corriente que esto podía pasar en el país. «Pasó lo que temíamos», dijo el mandatario. Un dato para resaltar es que Bélgica se encontraba en Alerta 3, un escalón por debajo del máximo potencial de emergencia, precisamente causado por la detención de Abdeslam.
En relación a los lugares elegidos para efectuar el acto criminal, la estación de metro de Maalbeek se localiza debajo de la calle Rue de la Loi, una de las más importantes del centro de Bruselas y donde se agrupan varios edificios gubernamentales y de la Unión Europea, como la Comisión Europea, el Consejo de la Unión Europea, el Comité Económico y Social Europeo y el Consulado de la Unión Europea.
«Es un día negro para Bélgica» manifestó Charles Michel y anunció que el gobierno declaró tres días de luto oficial. Además, las autoridades de Bruselas decretaron la «máxima alerta terrorista» en todo el país, a la vez que cerraron las fronteras y incrementaron todo tipo de controles, que incluyen la recorrida por domicilios particulares en busca de pistas hacia posibles nuevas células terroristas. «Sabemos que frenar una célula… pone a otras en marcha. Somos conscientes de ello en este caso», comentó el ministro del Interior, Jan Jambon.