Ansiedad en jóvenes: el peso invisible de una generación

La ansiedad es una sensación de nerviosismo, preocupación o malestar que forma parte de la experiencia humana normal pero, también, está presente en una amplia gama de problemas de la salud mental, incluyendo el trastorno de ansiedad generalizada, el trastorno de ansiedad y las fobias.

La ansiedad no es solo «estar nerviosos». Es una respuesta del cuerpo ante una amenaza o peligro, real o imaginario. En niveles moderados puede ser normal, por ejemplo, cuando tenemos que rendir un examen o vamos a ir a una entrevista laboral. Pero cuando se vuelve constante o intensa, puede afectar la vida diaria: insomnio, ataques de pánico, dificultad para concentrarse, irritabilidad o incluso problemas físicos como dolor de estómago o taquicardia.

¿Por qué hay tanta ansiedad entre los jóvenes hoy en día?

La ansiedad se volvió constante entre los jóvenes y se encuentra presente en distintas situaciones a las que se encuentran expuestos.

Presión social y académica: las exigencias de rendimiento, el miedo a «fracasar», la competencia y la incertidumbre sobre el futuro generan un nivel de estrés muy alto. Muchos sienten que no pueden permitirse «fallar».

Redes sociales y comparación constante: estar expuestos todo el tiempo a lo que otros hacen, logran o muestran, aunque muchas veces sea una versión editada, puede hacer sentir que no estamos «haciendo suficiente» o que no somos «tan exitosos» como el resto demuestra ser.

Estigma y falta de apoyo: aunque se habla más del tema, todavía siguen existiendo los prejuicios. Muchos jóvenes sienten que no pueden expresar lo que sienten sin ser juzgados como «débiles» o «dramáticos», también a veces sienten que no tienen con quien hablar acerca de estos temas a pesar de tener gente de confianza.

Señales de alerta

Cambios bruscos de humor o conducta, aislamiento social, cambios en el sueño o apetito, fatiga constante, dificultad para concentrarse, pensamientos negativos frecuentes y sensación de estar «sobrepasado».

¿Qué se puede hacer?

Hablar del tema sin miedo: reconocer lo que sentimos es el primer paso. Hablar con alguien de confianza o buscar ayuda profesional puede marcar una gran diferencia.

Buscar apoyo emocional: ir al psicólogo no es solo para quienes están en crisis. Es un acto de autocuidado. También hay opciones gratuitas o a un costo más bajo como en los centros de salud.

Cuidar el cuerpo y la mente: dormir bien, comer sano, hacer actividad física y tener un espacio de ocio son fundamentales. El bienestar mental y el bienestar físico van de la mano.

Desconectarse para reconectar: limitar el tiempo en redes, silenciar las notificaciones un tiempo, alejarnos de aquello que nos genera malestar y rodearse de contenido positivo ayuda a reducir la ansiedad digital.

Aceptar que no podemos con todo: aprender a pedir ayuda, a poner límites y a no exigirse la perfección es clave ya que no somos máquinas. Como sociedad debemos de dejar de romantizar el «estar ocupado todo el tiempo» y empezar a valorar el descanso, el equilibrio y la salud mental. No se trata solo de «aguantar» sino de vivir con bienestar.

La ansiedad no define a una persona, pero tampoco debe ser ignorada. Entender por qué está creciendo entre los jóvenes es el primer paso para cambiar las condiciones que la alimentan. Hablar, cuidar y cuidarnos puede hacer la diferencia.

Artículo elaborado especialmente para puntocero por Jana Wabnik en el marco de las Actividades de Aproximación (ACAP) al mundo del trabajo, de los estudios superiores y la formación de ciudadanía.