Johnny tomó su fusil: del hombre roto a máquina de matar

En su poema seminal «El camino no tomado», Robert Frost plantea el dilema de elegir entre senderos que se bifurcan y el lamento que significa no haber podido recorrer ambos. Hacia el final, el yo lírico del autor revela que decidió el menos viajado, “y eso ha marcado la diferencia”. A la hora de construir un personaje, guionistas, directores e incluso productores toman decisiones que pueden terminar cambiando el resultado final. Una mínima acción o una línea de diálogo pueden impactar en el desarrollo del mismo, creando un nuevo recorrido. Eso es básicamente lo que sucedió con John Rambo.

Este personaje, inmortalizado por Sylvester Stallone a lo largo de cinco películas, se ha convertido en uno de los sinónimos del héroe de acción durante el cine del reaganismo. Vietnamitas, soviéticos, birmanos y mexicanos han sido víctimas de sus métodos, los cuales utiliza para aniquilar al villano de turno. A pesar de eso, este héroe ha mutado con cada una de sus apariciones en la pantalla grande, alejándose más y más de lo que fue su primera aparición.

Dirigida por Ted Kotcheff, «Rambo» («First Blood», 1982) es una adaptación de la novela escrita por David Morell y publicada en 1972. John Rambo (Stallone) llega a un pueblo tras enterarse que el último miembro de su tropa ha sucumbido ante un cáncer provocado por la exposición al Agente Naranja durante la guerra de Vietnam. Luego de que Will Teasle (Brian Dennehy), el sheriff local, lo arreste por creer que es un vagabundo, Rambo escapa de la comisaría y es perseguido hasta un bosque a las afueras, donde intentará sobrevivir sin ser atrapado.

El personaje de la novela original y el de la adaptación tienen puntos en común, pero difieren en las formas. Debido al éxito de «Rocky» (1976) y «Rocky II» (1979), Stallone exigió ciertos cambios en el guión como reducir la crueldad en los actos de violencia hacia los policías, o que su personaje no matase a nadie. Aunque sería otro el cambio que determinaría el curso de la historia del personaje; en el libro de Morell, tras herir de muerte a Teasle, Rambo es ejecutado por el líder de su antiguo escuadrón, el capitán Sam Trautman (interpretado por Richard Crenna en la película). Kotcheff filmó un final alternativo donde el protagonista se suicida para escapar de la guerra que todavía vive dentro suyo, pero el actor argumentó que una conclusión más satisfactoria era que su personaje se entregara ante las autoridades. Es acá donde el camino del Rambo literario y el cinematográfico se bifurca.

La inevitable secuela llegaría tres años después. Con guión del propio Stallone y James Cameron, y la dirección de George Pan Cosmatos, «Rambo II» («Rambo: First Blood Part II», 1985) presenta la que sería la versión más icónica del personaje. En esta entrega, el ex Boina Verde sale de la cárcel para buscar prisioneros de guerra estadounidenses que aún están en Vietnam. Pero allí, no solo deberá enfrentar a una combinación del ejército local y soviético, también deberá sobrevivir después de una traición de quien lo envió a esta misión.

Acá, todos los cuidados que el actor principal exigió en la primera película desaparecen por completo: Rambo es un personaje infalible, una máquina de matar casi inmune al dolor que no tiene pruritos a la hora de matar y cumplir su misión. Lejos de ser ese hombre que no podía soltar la guerra en la que peleó, ahora se convierte en el estandarte del soldado perfecto. Y a pesar de hacer mención de los hechos sucedidos en la entrega anterior, mencionando que en los Estados Unidos se está peleando “otra guerra” que no lo incluye, en ningún momento se ve arrepentido ni apesadumbrado por el hecho de que tiene que volver al lugar donde perdió a casi toda su tropa.

Tanto el guión de Stallone y Cameron, como la estética de Cosmatos -especialmente gracias a su estilización de la violencia- es lo que convirtieron a esta versión del personaje en un ícono del cine de acción. Inmediatamente después, el personaje llegaría a la pantalla chica en una serie animada titulada «Rambo, la fuerza de la libertad» (1986), en la cual la brutalidad era sanitizada para beneplácito de padres y empresas de juguetes. Posteriormente volvería a la pantalla grande y se trasladaría a Afganistán para liberar a un secuestrado capitán Trautman de las tropas soviéticas en «Rambo III» (1988). Esta película, más exagerada pero menos estética que su predecesora, sería durante 20 años el último capítulo en la historia de este veterano de Vietnam.

«John Rambo» («Rambo», 2008) no solo significó el regreso del personaje, sino que marcaría la primera vez en la que Stallone, además de coescribir el guión con Art Monterastelli, dirigiría una película de la franquicia. En esta entrega, tras su última misión, el personaje se retiró a Tailandia, donde vive de cazar serpientes y manejar un bote. Cuando un grupo de médicos misioneros lo contratan para que los lleve a una aldea en Myanmar, se desatarán una serie de hechos que lo obligarán a volver a tomar las armas e intentar salvar sus vidas.

La intención es tener a un Rambo crepuscular, reflexivo, e incapaz de volver a los Estados Unidos por el peso de sus pecados de guerra. La falta de Trautman como ancla -Richard Crenna falleció en 2003- sería una de las excusas por la cual el personaje intenta evitar el conflicto. Después de todo, ahora es un soldado sin un comandante que lo guíe hasta el próximo objetivo, algo que parece acercarlo más a la versión de la primera película que a la de sus posteriores secuelas. Pero la violencia es parte de su naturaleza, y cuando esta vuelve a resurgir el enemigo solo puede ser aniquilado de forma extrema.

A lo largo de 20 años, John Rambo pasó de ser un soldado atormentado por sus experiencias en Vietnam a ser un ser casi invencible. En ese recorrido, el personaje fue dejando atrás los matices que lo definían en su primera aparición para convertirse en una figura cada vez más abstracta, menos atada a su historia personal y más funcional a las necesidades de un tipo de relato que exigía acción constante y enemigos claros.

Las decisiones estéticas de cada director fueron claves en esa transformación, marcando desvíos que redefinieron al personaje en cada etapa. Kotcheff optó por un registro más seco y contenido, donde la violencia tenía consecuencias y el cuerpo de Rambo era vulnerable, mientras que Cosmatos llevó la acción hacia una estilización que convertía cada enfrentamiento en espectáculo, borrando cualquier resto de fragilidad. Stallone intentaría recuperar algo de ese tono inicial, pero sin poder desprenderse del todo de la lógica que había convertido al personaje en un símbolo. Cada una de esas decisiones fue abriendo un camino distinto, y una vez tomada, ya no hubo forma de volver atrás.

Por supuesto, el personaje volvería una vez más en «Rambo: Last Blood» (2019). Pero mientras menos se hable de eso, mejor.