El 26 de abril de 1982, Iron Maiden lanzaba su sencillo «The Number of the Beast». Fue el último del álbum homónimo y representó un antes y un después en la historia de la banda.
Hitler y Mussolini, como Paul Di’Anno había apodado a Steve Harris y Rod Smallwood, fundador de la banda y manager, respectivamente, ya habían hecho los deberes: Iron Maiden estaba en alza, y el estilo de vida cocainómano de su vocalista era insostenible. En septiembre de 1981, Di’Anno fue despedido del «proyecto personal de Harris» y reemplazado inmediatamente por Bruce Dickinson, ahora excantante de Samson.
¿Podría Iron Maiden haber alcanzado un cuarto de la fama y proeza musical que logró de haber continuado Di’Anno? Llo más probable es que no. Harris sabía que estaban para más que el punk-rock indeciso de los dos primeros álbumes y, por ello mismo, era esencial conseguir un vocalista a la altura. ¿Estaba el naciente público del metal preparado para que un cantante de ópera se imponga ante el ruido extremo de las guitarras? No había forma de saberlo, pero el proyecto era tan ambicioso, tan innovador y único que valía la pena.
«The Number of the Beast» fue el punto de quiebre, no solo para la banda sino para el metal. Fue el primer álbum del género en alcanzar el primer lugar en los rankings de Reino Unido, en Estados Unidos recibió un disco de platino y es reconocido como uno de los mejores lanzamientos de todos los tiempos. La combinación de un sonido completamente nuevo, en el que el melódico canto de Bruce Dickinson se mezclaba con el increíble trabajo instrumental del resto de integrantes, sumado a letras referentes a versículos bíblicos, impensadas en ese entonces, provocaron entre el asco y el asombro un impacto en la sociedad, y en la cultura musical de ese entonces. Grandes movimientos antimetal se espantaron al escuchar, ver o leer los contenidos de la obra: se organizaron quemas de discos y se intentaron boicotear recitales, y todos los intentos fallidos de sepultar a Maiden ayudaron a construir su leyenda.
Este 26 de abril se lanzaba, hace 44 años, el segundo sencillo del álbum homónimo. Una de las canciones centrales en todo recital de la banda, donde «la bestia» se hace presente y se bate a duelo con Eddy o con Bruce Dickinson. La letra, que nace a partir de una pesadilla del bajista Harris luego de ver una película de terror, se trata de un hombre que entra a una reunión satánica por accidente y queda horrorizado.
El primer riff de la canción quedó grabado en la mente de los metaleros y fanáticos del rock y, por si hacía falta lucirse, el grito sostenido de Bruce ponía «el clavo en el cajón» de Paul Di’anno.
Así como en la tapa la bestia controla al humano, y un ente mayor (en este caso, Eddie) controla a la bestia, Maiden lo hizo durante muchos años la cima del metal y la música pesada.