«Volver»: los fantasmas no lloran

«…Volver, con la frente marchita, las nieves del tiempo platearon mi sien.

Sentir, que es un soplo la vida, que veinte años no es nada,

que febril la mirada errante en las sombras te busca y te nombra.

Vivir, con el alma aferrada a un dulce recuerdo, que lloro otra vez…»

Fragmento del tango de Carlos Gardel con letra de Alfredo Le Pera, que aparece en una de las escenas más emotivas del film, donde Raimunda (Penélope Cruz) canta -con la voz de Estrella Morente- una versión flamenca que resume su dolor y su nostalgia.

Veinte años después de su estreno, “Volver» sigue siendo una de las obras más sensibles, complejas y humanas de Pedro Almodóvar. Más que una película sobre fantasmas, es una historia sobre todo lo que nunca termina de irse: los secretos familiares, la culpa, el dolor heredado y el peso de las ausencias.

Con una de las interpretaciones más memorables de Penélope Cruz, Almodóvar vuelve a construir un universo atravesado por mujeres que sobreviven. Mujeres que sostienen, esconden, cocinan, limpian, mienten y aman incluso después de la tragedia. En palabras del propio director, la película nos habla de “tres generaciones de mujeres que sobreviven al viento solano, al fuego, a la locura, a la superstición e incluso a la muerte a base de bondad, mentiras y una vitalidad sin límites”.

Desde la primera escena con las mujeres limpiando las tumbas en un cementerio ventoso de La Mancha, la muerte está presente, pero nunca desde el terror. En “Volver”, los muertos regresan porque hay cosas que quedaron enterradas a medias. Los secretos familiares aparecen como fantasmas silenciosos que atraviesan a cada personaje y condicionan sus vínculos.

El regreso de Carmen Maura al cine de Almodóvar aporta una carga emocional especial. Su personaje Irene, conocida como la “abuela fantasma”, es mucho más que una presencia sobrenatural: representa la culpa, la necesidad de reparar y el deseo de decir aquello que nunca pudo expresarse. Irene conecta el pasado y el presente mientras observa a sus hijas desde el silencio, intentando reconstruir un vínculo roto por los secretos y el dolor. No es casual que el director dejará una pista en “La mala educación», donde aparece un cartel de una película ficticia titulada “La abuela fantasma”.

También conocemos a Raimunda, interpretada por Penélope Cruz, un personaje que combina fortaleza y vulnerabilidad con una naturalidad conmovedora. Raimunda es una mujer agotada por la vida, obligada a resolverlo todo sola, pero capaz transformar el dolor en acción. Resulta admirable poder ver la manera en que protege a su hija Paula mientras intenta sostener una aparente normalidad en medio del caos.

Paula (Yohana Cobo), representa la continuidad generacional del trauma y al mismo tiempo, la posibilidad de romper los patrones y silencios familiares. Aunque muchas veces aparece en segundo plano, su presencia es clave: gran parte de lo que ocurre en la película gira alrededor de aquello que las madres heredan y también ocultan a sus hijas. Soledad, interpretada por Lola Dueñas, brinda otra perspectiva del universo femenino de “Volver”. Su soledad cotidiana, su inocencia, su ternura y hasta el absurdo de convivir con el “fantasma de su madre” construyen algunos de los momentos más humanos y melancólicos del film. Sole vive entre el miedo, la resignación y la necesidad de sentirse acompañada. Luego está Agustina, tal vez el personaje más trágico de todos. Protagonizada por Blanca Portillo, representa el dolor de quien vive buscando respuestas que nunca llegan. Enferma y sola, Agustina es la memoria viva del pueblo y la prueba de cómo los secretos familiares terminan afectando incluso a quienes están alrededor de ellos.

“Volver” también habla sobre los pueblos y sus códigos: aquello que se dice en voz baja, lo que todos saben, pero nadie nombra. Almodóvar convierte las costumbres manchegas en un espacio íntimo donde conviven el melodrama, el humor y el realismo mágico con absoluta naturalidad. Incluso hay lugar para la crítica a la televisión basura, representada como un espectáculo que expone el dolor ajeno mientras las verdaderas tragedias permanecen ocultas dentro de las casas.

Lo más importante de “Volver” está en la profundidad de sus personajes. Ninguno es completamente inocente ni completamente culpable. Todos cargan heridas, silencios y contradicciones. Y quizás por eso, dos décadas después, la película sigue vigente: porque entiende que las familias están hechas tanto de amor como de secretos. “Volver” no solo es uno de los grandes clásicos del cine español contemporáneo, es un homenaje más profundo de Almodóvar hacia las mujeres, la memoria y todo aquello que insiste en regresar.