-1 a.C. (antes del Covid)
En el año 2019 algunos cines de Argentina estrenaron la comedia negra «Boda Sangrienta». Un mundo al que le era ajeno los términos “distanciamiento social” y “mascarillas” vio a Samara Weaving, en el rol de Grace, sufrir la perversa y desafortunada tradición de la familia de su reciente esposo. En la noche de su boda, éstos debían cazarla y sacrificarla en una versión extrema del juego de las escondidas para seguir vivos y conservar su fortuna. En cambio, si la novia sobrevivía al amanecer, todo el linaje Le Dumas desaparecería.
«Boda Sangrienta» fue más que una grata sorpresa: era la segunda película del dúo de directores Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett, la primera estrenada en cines comerciales en el país. Había algo fresco en el humor ácido de la película -una de las principales en la nueva ola de eat the rich-, donde la sátira de estos personajes con tantas comodidades está tan desconectada de la sociedad que matan y reemplazan niñeras como si fueran pañuelos descartables en época de alergias.
6 d.C. (después del Covid)
Siete años después de la película original, apareció esperanza en los corazones de todos los amantes de este estilo de películas que combinan el terror, un poco de gore, y muchos chistes sobre personajes de moral cuestionable. La misma dupla de directores y guionistas llevan a la pantalla grande la continuación de la historia de Grace, quien debe enfrentarse a cuatro clanes que quieren disputar el poder del Señor Le Bail. ¿Qué puede malir sal? ¿Era necesaria una segunda película? Ninguna película es necesaria, pero a la vez todas lo son –si no, ¿qué vamos a ver? –. Sin dudas, los fans de la primera –grupo al cual pertenezco– estaban entusiasmados por ver una nueva aventura, llena de comentarios agudos, situaciones tan incómodas como graciosas y, obviamente, litros y litros de sangre.
“We were all rooting for you”
Por algunos años se creó la expectativa de una segunda parte. Al casting se incorporaba Sarah Michelle Gellar, ícono del terror del ‘90 por haber protagonizado la serie «Buffy, cazadora de vampiros» y películas clásicas como «Sé lo que hicieron el verano pasado», «Scream 2» –entre tantas otras–. Esta era su vuelta a la gran pantalla después de 15 años. También se anunciaba la adición de Kathryn Newton –una actriz muy ligada a las comedias de terror–, interpretó a un asesino serial en «Freaky: Este cuerpo está para matar» y co-protagonizó «Abigail», donde trabajó nuevamente con la dupla de directores de la película que nos trae aquí hoy. Samara Weaving volvía a protagonizar, y en el reparto masculino, el cast le daba la bienvenida a Elijah Wood –actor que no le es ajeno a proyectos raros–, y al doctor favorito de todos, Shawn Hatosy o Jack Abbot en «The Pitt».
La película tenía todo para ser tan original, fresca y graciosa como la primera, pero en cambio nos dieron la versión diluida. Hay algunos momentos graciosos, algunos comentarios riéndose de esta élite enajenada de la realidad, algunos gags de comedia física, sin embargo, comparado con la excentricidad que cargaba el primer film de esta saga, no basta.
¿Y lo peor de todo? La película objetivamente –si existe tal cosa– no es tan mala. Hace reír al espectador con situaciones ridículas, haciendo que un personaje amenace a otra con una bazuca –para descubrir que está sosteniéndola al revés– presenta escenas de acción dinámicas entre los cazadores y las nuevas presas, muy destacable la pelea entre Sarah Michelle Gellar y Samara Weaving. Tiene los condimentos que tiene su predecesora, pero no los suficientes. Vive a su sombra, y eso es lo que más decepciona a quienes supimos amar a la primera.
De secuelas, spin offs, remakes y otras adicciones
Pero esta secuela no es la primera –ni la última– en generar ese efecto de decepción o indiferencia en el público. No hace falta leer las incontables notas que salen todos los años revelando que cada vez, es mayor el porcentaje de películas que se hace basado en una propiedad intelectual ya existente, puede ser, película, videojuego, historieta, etc. Cada vez las ideas originales tienen menos espacio, menos presupuesto, menos salas. Al espectador prácticamente solo se le ofrece la misma comida recalentada una y otra vez, porque “eso es lo que funciona”, la nostalgia, la falsa nostalgia y los lugares seguros. Y lo que es peor: tomaron una creación nueva, auténtica e ingeniosa para convertirla en una estadística mediocre más.
Que ricos son los ricos
El término eat the rich hace referencia a un subgénero en el que se satiriza y critica a los privilegiados y las élites. En 2019, «Boda Sangrienta» formó parte de la chispa que iniciaría una nueva ola de producciones que se ríen de la frivolidad de los más poderosos –tanto en cine como en series–. No fue la única, pero el tono humorístico y gore la diferenciaban de películas que se estrenaron en su mismo año y trataban temas similares, como «Parásitos» o «Knives Out». Si bien ahora no hay una saturación de este subgénero, desde el año -1 a.C hasta el presente 2026, hubo muchas producciones de este tipo, como la polémica e hilarante «La cacería» del 2020, dos años después la secuela de «Knives Out», «Glass Onion», y las malogradas «El menú» y «El triángulo de la tristeza»; y la baitera «Saltburn» en 2023, por mencionar algunas.
Entonces, volviendo a esta idea de decepción, creo que «Boda Sangrienta 2» podría haber sido una grata sorpresa como su primera parte, pero en el medio pasó demasiado tiempo, hubo tres temporadas de «The White Lotus», y mucha ilusión invertida en esta película. Parece injusto compararla con la anterior, como padres que comparan hermanos, pero es inevitable señalar las grandes diferencias que las separan.