«The Moment»: el artificio de la realidad

Ópera prima del director Aidan Zamiri (con un extenso historial de videos musicales dirigidos), quien además escribe el guión de la película junto a la también debutante escritora Bertie Brandes, con producción de Charli xcx y distribución del estudio A24. En este falso documental, el relato gira en torno a las complejidades que atraviesa la cantante inglesa a la hora de diseñar, diagramar y dar comienzo a la gira de su último y exitoso álbum, “Brat”.

A Charli xcx, artista que surge de MySpace y reconocida cinéfila, le resulta natural la elección de un método narrativo como el mockumentary (o falso documental) para relatar una historia sencilla en los papeles, pero compleja en su análisis posterior. Con el uso frenético de la cámara que aporta el propio género y un granulado fílmico como elección estética, el director logra dar vida a un relato ordenado en su estructura, aunque desordenado y caótico en lo visual, buscado intencionalmente como prueba de lo acelerado que resulta el mundo de la música pop en particular, y que, en cierta forma, coincide con el modo de vida algo disperso que la propia Charli xcx transmite en su faceta pública. Eso sí, sin la exageración dramática a la que uno puede estar acostumbrado en el cine en general a partir de sus consumos problemáticos, los cuales, de hecho, no representan un conflicto con consecuencias en la narración.

La película elabora una crítica profunda sobre la fama y una autocrítica consciente por parte de la cantante británica, destacable por lograrse en el mismo tiempo que se transita el salto a la masividad. Consciente de los altibajos que vienen anexados a la fama casi por defecto, Charli xcx se cuestiona qué es ser relevante y qué se siente acaparar un momento particular (en el caso de “brat summer”, una estación del año) por pura coincidencia, y cómo esa relevancia apaga poco a poco el espíritu creativo, donde una industria siempre cruel y capitalista busca maximizar ganancias al estirar un álbum musical o un producto en sí mismo, dejando de lado cualquier lugar a la reflexión o apreciación temporal que pueda requerirse para con el arte, incluso un nuevo álbum, con los riesgos que eso conlleva. La misma Charli xcx, en tono introspectivo dentro del largometraje, se cuestiona si seguir con la decisión artística que la llevó hasta donde está, o traicionar a su pequeño círculo y a sí misma para venderse a la máquina con resultados seguros. Además, deja en claro que el descanso o la recreación son inviables; incluso cuando intenta un escape a Ibiza, el mundo que habita opera 24/7, dejándola sin escapatoria de su propia trampa.

A su vez, “The Moment” construye una fina línea entre la ficción y la realidad, que deja en claro con la inserción de personajes ficticios como los interpretados por Alexander Skarsgård o Rosanna Arquette. Ellos le aportan forma física a la representación de una industria picadora de carne y profundamente monetaria (reflejada, por ejemplo, en el tono cómico de la paranoia de Skarsgård por no verse asociado a posturas comunistas o hasta sacar provecho de la posibilidad de que Charli xcx esté muerta). Esto contrasta directamente con la presencia de figuras como la propia Charli xcx, Kylie Jenner o Rachel Sennott, interpretándose a sí mismas.

No puede dejarse de lado el hecho de resaltar una película como “The Moment” en la actualidad del cine, donde los “productos” musicales oscilan entre las biopics de artistas ya fallecidos para revender sus canciones o recrear ficcionalmente momentos en vivo que ya tienen una filmación, y en otra vertiente los documentales de músicos y/o cantantes con historias siempre resilientes y con una estructura narrativa causalmente similar entre ellos (preparar tour de disco medianamente exitoso, estrés, historia traumática del pasado, superando trauma, tour exitoso y performance histórica). Una búsqueda de empatía plenamente sosa y llana por parte de la industria masiva hacia la audiencia general, y el intento de aumentar la capacidad disociativa en el público más fanático, obsesionado y construyendo relaciones parasociales con sus ídolos. Ejemplos sobran, como “Miss Americana” sobre Taylor Swift (satirizado en “The Moment”), “Katy Perry: Part of Me”, “Gaga: Five Foot Two”, “Halftime” sobre Jennifer Lopez, o “Selena Gomez: My Mind & Me”, entre otros productos prefabricados de la maquinaria.

Charli xcx junto al director Aidan Zamiri eligen otro sendero, un camino más reflexivo sin caer en la solemnidad clásica de las cantantes pop, con la misma vulnerabilidad que demostró la cantante en “brat”, utilizando recursos cinematográficos destacables que damos por sentado, tales como el uso de la propia ficción como herramienta narrativa, o la elección de utilizar muy poco material musical de Charli xcx (las veces que se utiliza resulta necesario para la trama) como una forma de, en palabras de la artista británica, “matar de una vez a brat”, y quitarle el protagonismo total. Esta construcción autoconsciente que logra la película genera una capa más a la sátira y plantea una pregunta importante: ¿esa ficción es realidad o la realidad es ficción? Queda, al menos, la duda de cuánto de lo que se ve públicamente es realmente así —recordando que surge de MySpace, donde uno ya comienza siendo un perfil ficticio de sí mismo—, y cuánto de lo que se ve o vio en “brat” (y de acá en más, o incluso antes) es Charli xcx, y cuánto de Charlotte Emma Aitchison queda luego del tamiz artificial y artístico.