Este año se estrenó «Michael», la película biográfica sobre el rey del pop, Michael Jackson. Dirigida por Antoine Fuqua -«Día de entrenamiento», «El Justiciero»- y escrita por John Logan, cuenta la vida de la superestrella desde el inicio de su carrera, junto a sus hermanos los Jackson 5 en la década de los 60, hasta el inicio de la gira Bad World Tour (su primera gira en solitario) a fines de la década de 1980. El personaje de Michael es interpretado por el sobrino del artista fallecido, llamado Jaafar Jackson y, de niño, por Juliano Krue Valdi, ambos haciendo su debut en la gran pantalla. El elenco secundario incluye a Nia Long, KeiLyn Durrel Jones, Laura Harrier, Jessica Sula, Mike Myers, Miles Teller y Colman Domingo.
El problema con las biopics musicales
Aunque las biopics musicales -films biográficos de grandes personalidades de la música- existen desde hace muchos años, tuvieron su explosión en la industria con «Bohemian Rhapsody» (2018), acerca de la carrera de Freddy Mercury. Con esta cinta se cosecharon millones de dólares en taquilla, por lo que los grandes estudios vieron este fenómeno como un interesante subgénero cinematográfico para explotar. A esta le siguieron «Rocketman» (2019) sobre Elton John, «Elvis» (2022), «A Complete Unknown» (2024) de Bob Dylan, «Back To Black» (2024) sobre Amy Winehouse, «Better Man» (2025) sobre Robbie Williams, la reciente película sobre Bruce Springsteen, entre otras.
Estas películas suelen estar repletas de escándalos, ya sea de los familiares o amigos de los artistas retratados, o de sus fans más acérrimos. Se debate mucho sobre cuestiones como la fidelidad que posee la obra con respecto a la realidad o si se abordan los momentos más polémicos y oscuros de los artistas. Personalmente, no considero que esto sea determinante para que la producción sea de calidad o no.
La mayoría de las películas antes mencionadas pecan de ser demasiado simplistas en lo argumentativo y priorizan darle una buena imagen a los artistas, mostrando todo los obstáculos que debieron superar, hasta consagrarse como superestrellas. En síntesis, historias de superación. No se exploran los matices ni la psique de los propios artistas retratados. Poseen una estructura narrativa lineal, que va desde los inicios de sus carreras hasta el final de sus vidas (en el caso de que sean artistas fallecidos), y focalizan mucho en los aspectos técnicos: la precisión en recrear los principales conciertos, las grabaciones de los álbumes; y destinan mucho trabajo en que el sonido y la banda sonora sean sobresalientes -lo que claramente es el fuerte y principal atractivo que poseen estas producciones-.
Hay algunas excepciones a la regla, «Rocketman» y «Better Man», por ejemplo, son propuestas muy distintas. Retratan la vida de las celebridades pero tienen una búsqueda mucho más artística, jugando con recursos propios del surrealismo o de la fantasía. En la de Robbie Williams, en vez de tener un actor de carne y hueso, el músico es interpretado por un chimpancé (realizado con efectos especiales), lo que abre el abanico a estructuras narrativas más variadas, las escenas surrealistas sirven para meternos en la mente del protagonista y conocer todas sus complejidades.
Una experiencia musical y no mucho más
Lamentablemente «Michael» ingresa dentro de estas biopics antes mencionadas repitiendo sus errores y banalidades. Resulta frustrante ver como retrataron a un personaje tan importante en la historia de la música como lo fue Jackson, dándonos un papel totalmente plano, en el que lo vemos ser un niño/joven inocente al extremo todo el tiempo, sufriendo por la violencia y control constante de su padre, y refugiándose en sus amigos animales a falta de amistades reales.
Nos dejan en claro que su sueño siempre fue ser el mejor artista de su generación y poder usar su influencia para ayudar a los más necesitados, pero nunca lo vemos recaer emocionalmente, dudar, cometer errores. Y aún peor con el resto de los personajes: el villano absoluto, como si de una película de Disney o superhéroes se tratara, es el padre de Michael, interpretado por el gran Colman Domingo, que se encarga de maltratar al joven artista constantemente, siendo el principal obstáculo en su carrera. La madre, los hermanos, su guardaespaldas y hasta incluso su abogado y representante de la discográfica se muestran como seres bondadosos que no tienen otra intención más que querer ayudar a Michael. No hay ninguna escena memorable entre ellos y el artista que logren conmover al espectador, por lo que quedan reducidos los personajes entre buenos y malo(s).
Lo que sí podemos destacar es la labor de Jaafar Jackson, quien logra convertirse progresivamente en su tío a través de imitar sus movimientos y expresiones, con la ayuda de maquilladores, estilistas y claro, su trabajo actoral. El actor que hace de su versión niño tampoco se queda atrás. Las escenas musicales del film, con una excelente edición de sonido, son de lo más disfrutable, al hacernos revivir múltiples éxitos de la carrera de Jackson y también los rodajes de los icónicos videoclips -el rey del pop cambió las reglas de la industria musical con su énfasis en los videoclips, en una época en que esto no era tan común-.
Más allá de que la película decide no meterse en las polémicas de Michael con respecto a las denuncias que recibió -probablemente bajo presión legal de la familia-, fue inteligente la decisión de llegar hasta su época solista, para así evitar esta etapa turbia de su carrera que vino después. Sin embargo, ya anunciaron que la secuela se encuentra en desarrollo, dado el enorme éxito que supuso en cines. Veremos cómo se las arreglan para mostrarnos esta etapa del artista rodeado de escándalos.
Ver «Michael» en el cine no deja de ser disfrutable si la observamos como una experiencia plenamente musical/sonora. Pero si están buscando ver una película que proponga algo original y una búsqueda artística, desgraciadamente no la encontrarán. Vienen muchas más biopics en camino, la más importante seguramente sea la de Los Beatles, que se dividirá en cuatro partes, una por cada músico, y se estrenarán todas el mismo año. Tendremos que esperar si serán propuestas interesantes o si Hollywood seguirá con esta fórmula ya agotada.