«Los bobos»: nadie se salva

El terror no es la máquina, sino que es la deficiencia en lo existente, el poder y la manipulación, el rechazo social, la burla descarada, el descarte de quienes se supone no podrían aportar dentro de una comunidad, y sobre todo la ignorancia y egoísmo brutal.

En la película Los bobos (2025), dirigida por Sofía Jallinsky y Juan Basovih Marinaro, toman este artilugio para contar la historia, una sátira majestuosa y desmedidamente incómoda, de dos jóvenes que brindan un servicio por el cual, a través de electroshock, pueden volver idiota a la gente.

El título de la película no es un homenaje ni mucho menos a Los idiotas (1998) donde el foco del director danés fue más bien plasmar una especie de justificación al fenómeno del “Dogma 95” que proponer el juego entre falsos y verdaderos idiotas. El título de la dupla de cineastas argentinos sugiere un amplio espectro de cuestionamientos hacia nuestra propia cultura, no importa cuán poderoso sea cada individuo, todos terminan perdiendo la cordura.

Una madre asquerosamente perversa y dominante (Liliana Weimer), una hermana desequilibrada (Fiona Gollob), una novia insoportable e inmadura (Verónica Gerez), un joven sin carácter ni rumbo (Sebastián Romero Monachesi) una socia hambrienta (Cecilia Marani) y una madame pulcramente opresora (Florencia Bergallo). Todos personajes, inclusive los secundarios, son perturbadores, tiranos y trastornados. Cada uno de ellos contribuyen de manera extraordinaria a una gran obra atestada de miseria humana y bajo una situación amenazante, como la espeluznante metáfora de las gaviotas, sin paraguas puede que las aves los decapiten uno a uno esfumándolos a todos de la faz de la tierra.

La historia teñida por un manto de crueldad y tensión constante libera un poco de oxígeno al oír el cuento de esa amiga que extraña a su marido fallecido preguntándole sobre sus sueños sin saber él era un apostador, para luego y finalmente llegar a ese desenlace cinematográficamente excepcional retratando el estado de ambivalencia, ese abismo de negligencia, de imposiciones y de hartazgo.

En “Los bobos” no se salva nadie, tampoco en “Atrapado sin salida” (1975) aunque el plano suelte a uno de ellos escapando entre la niebla, ni en “Réquiem por un sueño” (2000) donde una mujer atrapada por un vacío existencial espera la llamen de un programa de televisión, ni mucho menos en “La naranja mecánica” (1971), cuyo título hace alusión a alguien que tiene la apariencia externa de un ser vivo, pero que en realidad es un juguete manipulado por fuerzas externas.

“Los bobos”, ganadora a Mejor Película en la sección FICX Premiére del 63º Festival Internacional de Cine de Gijón y en el Festival de Cine Fantástico Fantboi, plantea una distopía donde uno ofrece un tratamiento para anular literalmente al otro. Una crítica al individualismo y a la consecuente destrucción de la comunidad, cuestionando quiénes son los verdaderos «bobos» en la sociedad moderna.