Al finalizar el Siglo XX el western atravesaba una profunda etapa de transformación. Ya no ocupaba el lugar central de la producción cinematográfica de Hollywood y, sin embargo, lejos de desaparecer, abordó temas que proponían una mirada reflexiva sobre los mitos con los que había construido su identidad.
Desde la película muda “Asalto y robo de un tren” de 1903 de Edwin S. Porter hasta “La pandilla salvaje”, el clásico de Sam Peckinpah de 1969, el western fue el género por excelencia del cine de Estados Unidos, alcanzando su punto más alto de producciones entre los años cuarenta y cincuenta; con directores como John Ford, Howard Hawks, Antonny Mann, que consolidaron un modelo narrativo con héroes y villanos bien definidos, describiendo con maestría la expansión de la frontera hacia el oeste norteamericano y la construcción de la nación estadounidense.
A partir de la década del setenta comienza una progresiva perdida de popularidad del western clásico debida a múltiples factores, y los términos “crepuscular” o “revisionista” se empezaron a utilizar cada vez que se iniciaba un proyecto o una película se estrenaba en los cines. Hubo muy pocos títulos, algunos muy buenos (“Los vividores” de Robert Altman, “El fugitivo Josey Wales” de Clint Eastwood), y en los ochenta el género casi desapareció de la producción comercial y se movió a otros como el terror, acción y aventuras, siendo “El jinete pálido” de 1985 de Clint Eastwood el mejor western de esa década.
El punto de inflexión ocurre en los años noventa nuevamente con Clint Eastwood. “Los imperdonables”, su obra maestra de 1992 que desmitifica varias leyendas del género. Los protagonistas aparecen envejecidos y derrotados, la ley no garantiza justicia, los actos violentos dejan consecuencias irreparables. Ganadora de varios premios Oscar, entre ellos mejor película y mejor director, inició un camino con varias películas que recurrían al género para explorar cuestiones históricas, políticas e incluso filosóficas más que para basarse en sus convenciones, y permitirse pensar temas universales. Lo cual se refleja en películas como “Tombstone” (1993) de Lawrence Kasdan y “Wyatt Earp” (1994) de Kevin Costner como las más destacadas de ese periodo.
Esto preparo el terreno para una nueva generación de westerns que se estrenaron en los primeros años del siglo XXI, como “El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford” (Andrew Dominik, 2007), “El tren de las 3:10 a Yuma” (James Mangold, 2007) y “ Propuesta de muerte”, la película de 2005 del director australiano John Hillcoat (“La carretera”, “Sin ley”), que propuso una mirada distinta a las películas del oeste tradicionales adentrándose en los excesos y abusos provocados por el colonialismo británico en Australia, y se convirtió en una de las grandes reinvenciones del género en el siglo XXI.
Desde la primera secuencia Hillcoat establece un universo donde la violencia se va a transformar en el recurso cotidiano de los personajes. Luego de un tiroteo filmado con una crudeza inusual, el capitán Stanley (Ray Winstone) captura a los hermanos Charlie Burns (Guy Pierce) y Mickey Burns, y le propone a Charlie un pacto imposible: tendrá nueve días para matar a su otro hermano, Arthur Burns (Danny Huston), acusado de una serie de atroces asesinatos, de lo contrario Mickey será colgado durante la Navidad.
El viaje de Charlie por el árido y desolado desierto australiano en búsqueda de su hermano expone lo brutal de la colonización, el trato despiadado a los aborígenes originarios, y donde la violencia parece ser la única forma de vida posible. Hay muchas cosas sin resolver del pasado entre Charlie y Arthur, apodado “el hombre perro” por los indígenas que temen acercarse a él. Los superiores del capitán Stanley son aún más desalmados y crueles que la presa a capturar, y el desierto adquiere la forma de un enorme presidio, como fue usado el territorio australiano durante el colonialismo inglés.
Nick Cave, líder de “Nick Cave and The Bad Seeds”, escribió el guion y también compuso la música original, junto con Warren Ellis, integrante de la banda. El relato es seco, directo, con pocas líneas de diálogos y citas bíblicas, quizás un poco solemne en algunas escenas, y que en todo momento plantea la dualidad entre los dos hermanos. Arthur es un personaje culto, que en algunas ocasiones recita líneas de poesía y en otras se comporta como un asesino despiadado. Charlie es su contrapunto ético pero que se debate internamente en el amor fraternal y la conciencia de que Arthur representa un mal imposible de justificar. La música se aleja de las habituales de las películas del oeste, transcurren melodías sencillas, simples y con preponderancia de los instrumentos de cuerda, y Cave reversiona varias melodías tradicionales como la bellísima “There Is a Happy Land”, himno escocés que incluye en forma irónica al comienzo de la película sobre imágenes de los aborígenes australianos, llamados “negros” por los oficiales ingleses.
La puesta en escena es uno de los mayores logros del director. El desierto australiano se transforma en un personaje más, como en muchas películas que transcurren en el “outback” australiano (“Wake in Fright” de Ted Kotcheff, “Walkabout” de Nicolas Roeg, “Cerca de la libertad” de Phillip Noyce, toda la saga de Mad Max), y provoca que el escenario sea comparable al Monumental Valley del western estadunidense o los desiertos de Almeria del spaguetti western. Apoyado en el director de fotografía Benoît Delhomme que prioriza los tonos ocres y contrastes extremos; la inmensidad del desierto polvoriento, el sol abrasador y el calor palpable en los cuerpos transmiten una violencia latente que no escatima en poner en primer plano, la que siempre surge en forma inesperada.
Otra de las facetas más importantes de la película es la representación de la ocupación británica. La casa del capitán Stanley y su esposa Marta (Emily Watson) intenta copiar la vida refinada inglesa en medio de un territorio salvaje. Diseñada con un concepto alegórico y en medio de la nada, decorada en forma elegante y con vajilla de porcelana y jardín incluido, simboliza el intento de llevar el concepto de “civilización europea” a un espacio que constantemente los desborda, y sobre el final se convierte en un escenario de sangre y muerte.
Con pocas excepciones como “Horizon: An American Saga” (2024) dirigida por Kevin Costner, de la que ha presentado en principio dos partes de las cuatro que tenía en mente, y el debut de Viggo Mortensen como director de “Hasta el fin del mundo” (2024), todo parecería indicar que el western está casi en terapia intensiva. Sin embargo, puede haber buenas noticias. Aun sin una fecha precisa y después que se mencionaran varios directores en el proyecto desde hace años (Ridley Scott, Andrew Dominik, Todd Field), Hillcoat parece ser el elegido para volver a llevar a la pantalla un libro de Cormac McCarthy. “Meridiano de Sangre”, su extraordinaria novela del año 1985, cuenta una historia muy violenta y sanguinaria que ocurre en 1850 en la frontera entre México y Estados Unidos, calificada en su momento por el crítico literario Harold Bloom como la “novela que alcanza el punto más alto de las posibilidades estéticas del western”, y que tiene muchas conexiones de forma y estilo con “Propuesta de muerte”.
Sin dudas podría tratarse de un nuevo comienzo para un genero fundamental dentro de la historia del cine.