El director chileno Omar Zúñiga Hidalgo, en su ópera prima «Los Fuertes», nos sumerge en una historia de amor protagonizada por Lucas, un arquitecto que, ante el rechazo de sus padres por ser gay, toma la decisión de irse a Canadá. Previamente, va a visitar a su hermana a Valdivia y ahí conoce a Antonio, quien es contramaestre de uno de los barcos de pescas.

Con un elenco encabezado por Samuel González y Antonio Altamirano, demuestra una muy buena química entre ambos al componer una pareja creíble, perfectamente acompañados por muy buenos actores, entre los que sobresale Marcela Salinas, quien oficia de Catalina, la hermana de Lucas. Hacen lo que pueden con un guión que no tiene riesgos y decide apostar a la corrección política y sin profundizar lo tratado e inundada de escenas que trascurren en la intimidad pero que no aportan mucho y, por momentos, se vuelven tediosas debido a la edición en manos de Catalina Marín y el propio director, que no parece haber encontrado el equilibro ni el tiempo que el relato pide.

El gran problema con «Los Fuertes» es que no termina de despegar, no profundiza en los personas y termina por ser, más que una película de cine, un capitulo de telenovela turca que suelen pasar por las tardes en la televisión abierta.

De todas formas, Nicolás Ibieta supo aprovechar muy bien el paisaje para darnos una fotografía que es un verdadero festín para los ojos y los sentidos.

En resumen, «Los Fuertes» es una película bastante discreta que llegó al final con lo necesario pero sin sobrarle condimentos.

Artículo elaborado especialmente para puntocero por Gonzalo Figueroa.