Finalmente, la Copa del Mundo de la FIFA llega a sus últimos días. Después de casi un mes de ver excelentes partidos, magistrales esquemas y estrategias cumplidas a la perfección por los mejores futbolistas del planeta, Brasil recibirá este domingo a los dos mejores seleccionados a lo largo del certamen. Sin lugar a dudas, los finalistas son los que más cumplieron con el concepto de equipo, sin la exclusiva dependencia de alguna figura y con dos entrenadores que nos dieron una lección de fútbol. Tal vez si pudiéramos cambiar las reglas del juego, Holanda también podría haber sido parte de este reconocimiento, pero como en la mayor parte de las historias, la gloria solo es para uno.
Por eso en Sao Paulo debían encontrarse Holanda y Argentina para dirimir quién sería el contendiente de Alemania el próximo fin de semana en el legendario Maracaná, en Rio de Janeiro. Y lo que pudimos ver en la semifinal fue una verdadera cátedra de ambos equipos, pese a que muchos inocentes creen que esto se logra con goles.
En los albores del juego quienes se hicieron del control del balón y el manejo de los espacios fue el conjunto entrenado por Louis Van Gaal. Lentamente, los dirigidos por Alejandro Sabella (que una vez más hizo cambios radicales en la formación inicial con el ingreso de Enzo Pérez) se fueron afianzando y así tuvimos un primer tiempo con más análisis, presión y marca que desbordes y gambetas.
Mientras los europeos no hallaban huecos para atacar, los de celeste y blanco aprovecharon varias veces las espaldas de los marcadores en la banda derecha y así Pérez y Lionel Messi lanzaban en largo para que Ezequiel Lavezzi llegue hasta el fondo con resultados positivos. Pero, contrariamente a lo antes mencionado, la primera gran jugada de ataque llegó a los 24′ con un tiro de esquina desde la izquierda, que ejecutó Lavezzi y tuvo en la cabeza de Ezequiel Garay la chance de gol, pero este cabeceó mal debajo del arco y la tiró por arriba.
Así, sin oportunidades concretas de gol, ambos se iban al descanso no sin haber mostrado solidez, mucho respeto por el rival y más prioridad en no equivocarse que en asumir riesgos. Pérez cumplió con creces la decisión de Sabella y, en líneas generales, toda la selección argentina tuvo un gran nivel.
En la etapa complementaria Holanda mejoró y el ingreso de Jordy Clasie fue vital para optimizar la circulación de la pelota en el mediocampo. Y con el correr de los minutos Arjen Robben comenzó a aparecer y volver a mostrar todo lo que hizo a lo largo de esta Copa. De todas formas, a los 58′ la ocasión fue de Argentina, que en una contra rápida tuvo a Lavezzi para tirar un centro corto que Gonzalo Higuaín no pudo conectar muy cerca del arquero Jasper Cillessen porque lo anticipó justo Daryl Janmaat. Y a los 75′ Messi recibió una falta, el árbitro dejó seguir el juego y Pérez le puso un pase profundo a Higuaín que, debajo del arco, la tiró contra la red… pero del lado de afuera.
La Albiceleste tenía las ocasiones, pero la posesión del balón era cada vez mayor para los vestidos de naranja, que compensaban la falta de ideas ofensivas con el ímpetu de ir a buscar el gol que brinde tranquilidad. De hecho, la única jugada peligrosa de verdad de Holanda llegó a los 91 minutos cuando Robben dejó atrás la marca y llegó hasta el fondo, pero cuando iba a definir cruzó Javier Mascherano, un jugador que excede cualquier descripción. Es líder, alma, sangre y cuerpo en este plantel.
Así sin más se tuvo que jugar suplementario al no abrirse el marcador durante los más de 90 minutos de tiempo regular. Y poco pasó en esta etapa extra. Aunque sí puedo agregar la chance desperdiciada por Rodrigo Palacio, que quedó para definir frente al arquero pero dudó y ese segundo de demora le dejó la pelota incómoda para que, de un tímido cabezazo, se la alcance a Cillessen. Para el recuerdo quedará el esfuerzo sobrehumano de Mascherano o que Pablo Zabaleta terminó el partido mordiendo un algodón por el corte en el interior de su boca. Pasara lo que pasara en lo que vendría, estos jugadores ya se ganaron un lugar en la historia.
Romero, el héroe de la jornada
Y llegaron los penales, nomás. El pase a la final se definió a través de los doce pasos.
Primero ejecutó Ron Vlaar, quien combinó el disparo de la peor forma: al medio y despacio para que Romero detenga el tiro. Luego Messi abrió la cuenta con un toque suave hacia la red. Robben igualó 1-1 con un remate bajo al rincón izquierdo de Romero. Garay se encargó de romper el arco y volver a poner la diferencia. Y Romero volvió a ponerse la indumentaria de héroe al estirarse para sacar el remate de Wesley Sneijder. Sergio Agüero fue el responsable de estirar la ventaja y dejar las cosas 3-1 con su tiro esquinado a su mismo palo, al que casi llegó Cillessen. Dirk Kuyt achicó diferencias con su tiro abierto y Maxi Rodríguez cerró la historia con su disparo, que Cillessen adinivó pero, pese a llegar, no pudo desviar.
Argentina volvió a sufrir porque es un equipo sólido al que no le sobra exquisitez, no pasa sobresaltos pero tampoco brilla por los encantos que bien saben ofrecer las individualidades en sus respectivos clubes. Esta selección merece el pasaje a la final porque demuestra que los nombres están por detrás de un objetivo, que sin trabajo y sacrificio colectivo las metas no se consiguen, porque tiene autocrítica cuando hay que tenerla y por la humildad de un grupo que quiere dejar su huella en la historia del fútbol mundial.