En lo que terminó siendo un resultado sorpresivo, la actual mandataria brasileña, Dilma Rousseff (Partido de los Trabajadores), deberá definir en un ballotage si accede a un nuevo mandato o deja paso a un nuevo presidente. Y la sorpresa no fue tanto el hecho de no triunfar directamente en estos comicios logrando más del 50% de los votos, sino que el contrincante para el domingo 26 del corriente mes será Aécio Neves (Partido de la Social Democracia Brasileña) en lugar de la socialista Marina Silva, de quien se pronosticaba un mejor desempeño.
Los cómputos finales, en lo que hace a la primera magistratura, fueron Dilma Rousseff (PT) con 41,5%, Aécio Neves (PSDB) 33,6% y Marina Silva (PSB) con 21,22%.
Como ningún candidato superó la mitad de los sufragios, deberá realizarse una segunda vuelta el domingo 26 de octubre y ese día se sabrá si el ciclo del PT pasa a la historia o si continúa dirigiendo los destinos del mayor país de Sudamérica.
Tras conocerse los resultados, desde la socialdemocracia manifestaron su esperanza de terminar con doce años de presidencia de PT. «Es hora de unir nuestras fuerzas. Mi candidatura ya no es más la candidatura de un partido político o de un conjunto de alianzas. Es un sentimiento más puro, de todos los brasileños que aún tienen la capacidad de indignarse», señaló Neves.
Durante su alocución, el candidato socialdemócrata hizo hincapié en el estancamiento económico, con aumentos de precios notorios y varios casos de corrupción, sobre todo en la estatal Petrobras.
El porcentaje de votos obtenido por Neves generó asombro entre los analistas, ya que las encuestas señalaban un empate técnico con Marina Silva, la ambientalista que asumió la candidatura tras la muerte de Eduardo Campos en un accidente aéreo, el 13 de agosto. Neves, exgobernador de Minas Gerais y promotor de la iniciativa privada y el achicamiento del Estado, elogió a Silva y apeló a los seguidores de Campos, a quien calificó como un «amigo» y «un hombre público honrado».
Por su parte, Rousseff reconoció el importante apoyo del expresidente Lula Da Silva y pidió a sus simpatizantes redoblar los esfuerzos para salir victoriosos en la segunda vuelta. «Sin el presidente Lula yo no habría llegado donde llegué. No habría conseguido realizar mi sueño de hacer un Brasil mejor. La lucha continúa, una lucha que sin dudas será victoriosa porque es la lucha del pueblo brasileño. Será la lucha de los constructores de futuro, que jamás dejarán que Brasil vuelva atrás», expresó en referencia al «pasado» que significan Aécio y su mentor político, el expresidente Fernando Henrique Cardoso (1995-2002).
«El pueblo brasileño ansía más avances y dice que ve, en el proyecto que yo represento, la más legítima y confiable fuerza de cambio. Es una responsabilidad que nosotros, que defendemos ese proyecto, tenemos que asumir ante la historia», sostuvo la Presidente.
Ahora la campaña se centrará en obtener el respaldo de los que votaron por Silva. La exministra de Medio Ambiente de Lula ya estuvo en una situación parecida en los comicios de 2010, cuando era candidata presidencial por el pequeño Partido Verde y obtuvo un 20% de los votos. En esa oportunidad no declaró apoyo a ninguno de los otros candidatos: la posterior ganadora, Dilma Rousseff, o el socialdemócrata José Serra.
En estas elecciones su candidatura fue fuertemente atacada por el PT que cuestionó su imagen y su «nueva política», y señaló que su propuesta de ajuste fiscal significaría el fin de los programas sociales para terminar con el hambre y la pobreza de millones de brasileños. Silva había cuestionado los gastos de la Copa Mundial de fútbol e indicó que su coalición mantendrá encuentros y reuniones en los próximos días para decidir cuál será la postura del PS en el ballotage.
«Brasil señalizó claramente que no concuerda con lo que hay», dijo en Sao Paulo tras saberse los resultados. «Tenemos una alianza con varios partidos y queremos adoptar una posición conjunta para mantener lo que nos unió, que es nuestro programa», añadió Silva.
Conjuntamente con la elección presidencial, los 142,8 millones de brasileños habilitados eligieron gobernadores de 27 estados, se renovó en su totalidad la Cámara de Diputados y un tercio del Senado, así como más de un millar de bancas legislativas estaduales. Los primeros escrutinios indicaban que en 13 estados ya se habían definido las contiendas sin necesidad de ballottage, con victorias de los candidatos del PSDB en Sao Paulo (mayor distrito electoral del país) y Paraná, mientras que el PT se adjudicó Minas Gerais (segundo distrito electoral en importancia), Bahía y Piauí, y el PSB obtuvo la gobernación de Pernambuco, estado natal de Eduardo Campos.