Había gente, sí claro que había gente, y mucha. Reclamos, pedidos, ruegos, gente marchando de varios puntos de la ciudad para confluir en el Obelisco, símbolo de Buenos Aires. En ese lugar que atrae magnéticamente a la gente para festejar triunfos deportivos como también se convierte en un punto de reunión para las manifestaciones políticas.
Y la de ayer no fue una más. Más allá de si hubo o no más gente que el 13 de septiembre, no es la cuestión discutir un número, hay que aprender a escuchar. Claramente los destinatarios fueron muchos, prácticamente toda la clase política, desde un extremo al otro del espectro ideológico.
«No a la re reelección» fue uno de los leit motiv, algo que, es justo reconocerlo, no ha salido oficialmente de ninguna fuente del Frente para la Victoria, que hasta el momento planteó el tema de la reforma constitucional para plasmar en la carta magna nuevos derechos y sostener el modelo. Pero la historia debería enseñarnos, y las reformas constitucionales, las que se han llevado adelante y las que han sido frustradas, siempre tuvieron ese objetivo entre los puntos a conseguir. Por eso la gente quiere que se frene antes: los que no apoyan el gobierno piden que no se reforme la Constitución Nacional. Y junto con ese reclamo seguía el pedido de respeto a las instituciones, hasta hubo gente que pedía a los dirigentes “leer la Constitución, antes que reformarla, que la respeten primero”.
Se notaba la pertenencia a algunos barrios: desde Santa Fe hasta la 9 de Julio, con reclamos institucionales y crítica generalizada a la corrupción, siempre apuntando a toda la clase política, haciéndola responsable de los problemas y como destinataria de las quejas. La frontera bien definida era el Obelisco y la Avenida Corrientes. También se hizo presente el reclamo del laburante de la zona sur del conurbano. Y estos cambiaban en los porcentajes en cuanto a su importancia para la gente. La inseguridad ocupaba la punta, historias de víctimas de esta se repetían entre los testimonios, mezclados con críticas a la acción de la justicia y la falta de castigo a los responsables. Este sector social claramente tenía otras prioridades y, sumado a la inseguridad encontramos la inflación, más allá de que no discutían números ni hubo fuertes críticas al INDEC. Hablaban de la inflación “que sentimos en el bolsillo, los precios aumentan día a día, cada vez nos alcanza para comprar menos”, por mencionar lo que uno de los presentes manifestó.
Un punto que unió a todos fue el rechazo a los cuestionamientos hechos por algunos funcionarios a la derechización de la marcha y el planteo generalizado era la negación a estar identificados políticamente, y así como reconocían que podía haber gente con reclamos particulares o con banderías políticas, se quería dejar lo más claro posible.
La protesta fue masiva, con muchos reclamos, de todo tipo y color. Y por eso tanto el oficialismo como la oposición deberían prestar atención a los reclamos, porque fueron dirigidos a todos, ya que sumados a los reproches al gobierno había cuestionamientos a los opositores. También hay que hacer notar cierto escepticismo o desesperanza ante las reacciones que puede haber de la clase política: muchas personas no manifestaban que estas movilizaciones puedan generar un cambio de actitud, por el contrario, se especulaba con que el gobierno seguiría como hasta ahora, mientras que los opositores tratarían de aprovecharlo para su sector sin dar verdadera respuesta ni opciones a la gente.
De acá en más queda ver precisamente cómo responden ante las demandas de la gente, incluso aquellas cuestiones más superfluas como el asunto de la compra de divisas, y también hubo actitudes que se deben rechazar, como agresiones, descalificaciones y pedidos de terminar el mandato presidencial cuanto antes. Justamente, está en la capacidad de los dirigentes y funcionarios, en la oposición y el oficialismo, saber diferenciar y dar respuesta a las demandas legítimas en el tiempo en que el que, por elección popular, les toca gobernar.
Fotos: Lucila Munilla Lacasa