“Las adicciones son anestesias al dolor y el coach ayuda a que uno descubra por qué algún problema aún duele. El coach de vida u ontológico es como un entrenadores y trata, a través de conversaciones, de conocer a la persona para que logre un objetivo”. Esa es la definición que da Virginia Mallo de su profesión.

En entrevista durante la emisión del sábado de Línea de Noticias, Mallo precisó que una diferencia con la terapia tradicional es el tiempo: “El coach trabaja con la inmediatez. Llega la persona y es algo del aquí y el ahora: se empieza hoy, y el coach te pregunta adónde querés llegar mañana”. Además, explicó que “tomamos la información que trae la persona, pero vamos al objetivo que queremos”. La especialista remarcó que se trabaja conjuntamente con profesionales de otras disciplinas, “con psicólogos, porque somos cuerpos que tenemos mente y espíritu. El cuerpo emocional se trabaja con el coach y los psicólogos, y del cuerpo físico se encargan los médicos. Se busca que sea coherente y si lo que hacés está o no en concordancia con lo que decís”.

Asimismo, Mallo señaló que en esta época tenemos múltiples tipos de adicciones: “a internet, al trabajo, a las personas, al amor, al alcohol, al trabajo. Estas son las que más conocemos. Una de las más importantes -señaló- es la de internet, porque ahí están todas las adicciones juntas, al alcance de la mano. La adicción a la pornografía, al juego, a todo lo que quieras puede concentrarse ahí. La adicción es algo que no podemos parar. Las adicciones son anestesias al dolor. El coach ayuda a que uno descubra por qué algún problema o cuestión aún nos duele”.

“Empatía elevada”

La forma de abordar el trabajo con la persona implica “bajar el volumen de nuestro juicio, de nuestras creencias, para meternos en el canal del otro. Es una forma de empatía más elevada. Tenemos que permitir el ingreso de esa persona, de sus creencias, sus juicios, lo que tiene consciente, lo que tiene inconsciente”. Además, Mallo precisó que la persona “nunca dice el 100 por ciento de lo que quiere trabajar. Por ejemplo, te dice que tiene un problema con su pareja y cuando vas avanzando descubrís sus creencias, sus patrones. Se necesitan dos o tres sesiones, pero lo importante es que la persona tome consciencia de que tiene una adicción”.

“El coach no es experto en la persona, en el conflicto que tiene pero, a través de conversaciones, el lenguaje nos trae la traducción de cómo pensamos, pero no a veces de cómo sentimos. En el progreso del trabajo, uno se da cuenta de que hay otras herramientas que el coach necesita: un poco de psicología, de programación neurolingüística”, señaló Mallo, y mencionó que “algunas personas son altamente creativas y quieren salir de la palabra. Entonces, como coach, me pregunto qué tengo enfrente, qué herramientas necesito para entrar y salir, para ver cómo la persona puede llegar a su objetivo?”.

En ese sentido, indicó que “una de las herramientas que más utilizo son los ejercicios de la terapia Gestalt y la programación neurolingüística, para que la persona salga de su chip mental, lo apague y se conecte con sus emociones y lo que siente en el cuerpo. La conexión que hace la persona con sus emociones, con su cuerpo, le traen más luz que al explicarlo”.

Finalmente, la coach manifestó que “el objetivo no es la búsqueda de la verdad sino encontrar un punto de vista distinto. Todo el mundo necesita un coach. El problema radica en cuánta gente quiere invertir en su desarrollo personal. La herramienta del coach aplica a altos mandos, mandos medios, cargos ejecutivos, líderes, organizaciones, a las personas individualmente y a la familia. Es la vida misma”.

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