Ya son muchos los datos que existen sobre nuestros millones de caras. Ofrecimos nuestros rostros sin saber, o quizás algunos de nosotros sí, a las distintas redes sociales que utilizamos todos los días, y en todo lo que termina almacenado en la famosa nube.

Pero lo que todavía no tenemos del todo claro es a quién pertenecen los datos asociados a los contornos de nuestros rostros. En los tiempos en los que nos toca vivir, tenemos la obligación de comenzar a reflexionar sobre a quién le dimos permiso o acceso a estos datos.

La situación de hace algunas semanas atrás en el Capitolio de Estados Unidos puso la cuestión en el punto de mira, ya que el reconocimiento facial se convierte en una herramienta vital para identificar a los que participaron en la protesta. ¿Cuál es el poder de la tecnología de reconocimiento facial? ¿Estamos preparados?

Incluso antes de los disturbios en la capital norteamericana, la tecnología de reconocimiento facial se estaba utilizando de muchas maneras que, probablemente, ni siquiera estábamos enterados, y muchos de nosotros distribuimos voluntariamente generando datos, sea de manera explícita o implícita.

La tecnología de reconocimiento facial, por ejemplo, está muy presente en los espacios públicos pero, ¿cuáles son las posibles consecuencias de perder nuestras caras en favor de los datos? Las consecuencias son graves, incluso para el derecho a la intimidad y nuestra capacidad de vivir sin vigilancia.

En la ciudad de Belgrado, según informes de la ONG SHARE Foundation, se desplegarán cámaras de alta definición para diversas funciones de vigilancia.

El director del organismo, Danilo Krivokapić, confirmó que la tecnología de reconocimiento facial de esas cámaras rastreará los movimientos de las personas que transiten por la ciudad serbia. Las fotos que ya existen en el sistema se cotejan con los datos captados por las cámaras y después se analizan mediante un sistema de Inteligencia Artificial (IA). Esta tecnología abre la posibilidad de rastrear los movimientos de una persona en tiempo real mientras se mueve por Belgrado. Y no es el único lugar donde ocurre.

Los gobiernos y la vigilancia van de la mano, y la tecnología de reconocimiento facial les da más opciones y formas de rastrear y restringir el movimiento de las personas dentro de sus fronteras. Pero esta tecnología no se utiliza únicamente de forma gubernamental. Empresas privadas comenzaron a utilizarla. Como el caso de Cadillac, una de las mayores empresas inmobiliarias comerciales de Norteamérica, que fue denunciada por la Oficina del Comisario de Privacidad de Canadá por instalar cámaras discretas en 12 de sus centros comerciales.

Estas captaron cinco millones de imágenes de clientes y utilizaron un software de reconocimiento facial que generó más datos, incluidos el sexo y la edad. Aunque después de utilizar las imágenes se borraron, los datos generados a partir de estas fueron conservados en un servidor externo.

Muchos están familiarizados con la tecnología de etiquetado de fotos de Facebook, que etiqueta no solo tu cara sino a otras personas en tus fotos.  Esta tecnología también está presente en las apps de fotos de Google y Apple.

Pero este tipo de tecnología de reconocimiento facial se está extendiendo a otros ámbitos. Por ejemplo, el fabricante de autos Subaru la despliega para detectar distracciones al volante. Apple ofrece funcionalidades llamadas HomeKit que cruzan los datos de varios dispositivos y utiliza el reconocimiento facial para decirte si un amigo, reconocido por tus fotos, está en la puerta de tu casa. En el caso de Nest Hub Max de Google, emplea esta tecnologia para, literalmente, buscarte, de la misma forma en que siempre está escuchando para oír la expresión: «OK, Google».

Es mucho lo que está en juego, no solo para las fuerzas del orden sino para nuestro derecho a la intimidad como individuos. Nuestras expectativas sobre la recopilación de datos y la privacidad no se ajustan a lo que realmente es la recopilación y el almacenamiento de datos, sean faciales o no.