La Ley Olimpia es un conjunto de reformas que, si bien tiene sus inicios en México, actualmente es una cruzada con distintos frentes en América Latina, con mujeres sobrevivientes de violencia digital.

Es importante tener en cuenta que, respecto a esta modalidad de violencia, los términos aún son confusos, la revictimización es una constante y, en definitiva, contamos con una escasa educación digital.  Por este motivo, también en Argentina se presentó este proyecto que cuenta con el objetivo de prevenir y erradicar la difusión de material íntimo de las personas, siendo las mujeres y niñas las principales víctimas de este tipo de prácticas.

Charlamos con Olimpia Coral Melo, activista mexicana, para conocer más sobre su caso particular, esta red feminista que se extendió en Latinoamérica y su reciente visita al país, donde el proyecto de ley se presentó con el nombre de Belén San Román, mujer policía cuya difusión de imágenes íntimas la llevó al suicidio.

¿Qué podés comentarnos sobre el nombre de esta ley en homenaje a Belén?

«Renombrar, resignificar los nombres que estuvieron en la hipersexualización, nombrar a mujeres que murieron a manos no solo de la violencia sino de cada clic, de compartir de cada persona que de forma inconsciente o consciente también matamos a esa victima al difundir ese video sexual. Hoy la Ley Olimpia o Belén San Román es un proyecto que ya está en el Congreso de la Nación Argentina y que esperamos sea aprobado».

¿Cómo transitaste este camino de poner en palabras tu experiencia personal y luchar por justicia?

«Fueron varias etapas, nunca me imaginé estar en esta situación. Hoy hablo con mucho menos dolor que antes, el hablar te sana, el decirlo te va cicatrizando. Primero tuve que entenderlo yo, porque en todos lados te culpabilizan: ‘Vos mandaste la foto, vos hiciste sexting… entonces sos culpable’. Lamentablemente, yo me sentía culpable, me salí del trabajo, de la universidad, de todo lugar público. Difundieron ese video sexual por toda la web, me pusieron un apodo, para internet era un hashtag haciendo alusión a mi cuerpo, a mi desnudez, era solo un cuerpo para ser violado virtualmente. Al menos en mi caso puedo decir que, como sobreviviente de violencia digital, sientes que te violan sin penetrarte, como si en esa condición tirada en el piso, a través de cada clic, like o comentario continúan revictimizándote. En esta primera etapa fue preguntarme, ¿por qué tengo la culpa? ¿Por qué tengo que pedir perdón? ¿Por amar o confiar? ¿Por no tener educación digital?».

El caso de Olimpia lamentablemente no es el único en lo que concierne a violencia digital, y la principal deuda histórica es hacia mujeres y niñas.

Deja una respuesta