La propagación del COVID-19 mantiene en vilo al mundo y Argentina no es la excepción. Con el correr de pocas semanas vimos modificados nuestros hábitos más cotidianos, tales como la forma de saludarnos, viajar en transporte público, hacer las compras y circular libremente por la calle, entre otras cosas.

Como siempre sucede ante las situaciones límites, se manifiestan los rasgos más positivos y negativos de las personas como particulares y colectivos, los ejemplos abundan. En este sentido, considero que el impacto de esta crisis en la sociedad evidencia la profunda desigualdad y marginación de nuestros sectores populares.

A río revuelto, ganancia de pescador

Ante la pandemia, surgió «el artículo de primera necesidad por excelencia»: el alcohol en gel. Si bien se informó por distintos medios que es preferible higienizarse con agua y jabón, la mayoría de las personas se volcaron de manera compulsiva a conseguirlo. Ante este panorama, los comercios optaron por la suba de precios de este producto, haciéndolo inaccesible para muchos.

Si de compulsividad colectiva se trata, ante la inminente cuarentena obligatoria vimos largas filas en los supermercados para abastecerse con provisiones como si del fin del mundo se tratara, comportamiento que con seguridad no pudo emular el laburante promedio cuyo ingreso no le brinda la capacidad de prever una emergencia de este tenor y que ahora, además, se ve perjudicado por el aumento de precios.

Estas «avivadas» generaron la indignación del propio presidente Alberto Fernández, quien aseguró que habrá sanciones para los empresarios. No obstante, los casos aún continúan dándose a diario y se incrementan con el correr de los días en cuarentena.

«Quienes no tienen dónde quedarse»

En diversos medios de comunicación se proclama «yo me quedo en casa», consigna sumamente válida dadas las circunstancias pero que genera grandes interrogantes. ¿Qué pasa con quienes no tienen esa chance? Se formula la pregunta sin intenciones de caer en el golpe bajo, basándonos en hechos tangibles: estas personas no cuentan con la posibilidad de higienizarse con frecuencia y mucho menos de obtener alcohol en gel, claramente están mucho más expuestos que vos y yo en nuestros hogares. ¿Qué estamos haciendo como sociedad por las personas en situación de calle? ¿Cómo se supone que van a sobrellevar el COVID-19?

Trabajar en época de pandemia

Una de las primeras medidas implementadas fue la suspensión de ferias hasta nuevo aviso, lógicamente para evitar la aglomeración de gente. Lamentablemente, son muchos quienes ven con esta medida coartada la economía de sus hogares.

Las ferias suelen estar integradas por artesanos, fabricantes y pequeños comerciantes, quienes además de tramitar permisos deben contar con una inversión semana tras semana, generalmente no tienen otra fuente de ingreso, solo el que generan en estos espacios.

Otro sector que se ve duramente perjudicado es el de las actividades de cuidado, generalmente llevadas a cabo por mujeres. La disposición del Gobierno es clara respecto a quienes cuentan con autorización para salir a trabajar, pero se choca con la realidad de muchas cuidadoras y empleadas domesticas. Son varios los casos en los que se les pide que asistan igual a sus empleos, a riesgo de romper la cuarentena, ser demoradas por la policía o sin considerar si tienen hijas o hijos a su cargo. Asimismo, se les insiste con descontar los días o se impone el recupero de horas pos 31 de marzo, lo cual genera en estas mujeres grandes incertidumbres sobre el futuro laboral.

Reflexiones finales

Tal como se señaló al inicio de la nota, el contexto actual puso de manifiesto lo duramente golpeado del sector popular e, incluso, es muy posible que no se hayan enumerado la totalidad de actores que se ven damnificados. Las medidas están establecidas pero en algún punto resultan insuficientes y no terminan de contemplar las realidades ya mencionadas.

Fiel a mi estilo, dejo tarea para el hogar: ¿qué deberíamos cambiar como país tras la pandemia? ¿Llegará pronto el momento de los sectores mas postergados? ¿Qué nuevos desafíos asumirá la Argentina?