Después del primer debate presidencial de la historia argentina, la escena volvió a repetirse. Naturalmente, con menos participantes, pero uno de ellos «nuevo»: Daniel Scioli. El candidato del oficialismo había declinado estar presente en la cita del domingo 21 de octubre, que contó con los restantes 5 candidatos que habían superado las primarias.

En esta ocasión fue distinto. En esta oportunidad era a todo o nada, ya que en una semana uno de los dos participantes del evento, Mauricio Macri o Daniel Scioli, será el próximo presidente de la Nación.

Empecemos con dos sensaciones que me dejó el debate. Primero la evasión en las respuestas. Pese a que en esta ocasión los candidatos podían preguntarse y repreguntarse entre sí, la respuesta a los interrogantes planteados por el contrincante lejos quedó de ser concreta. Por el contrario, se hacían oídos sordos y se seguía, por decirlo de alguna manera, haciendo propuestas.

La segunda sensación que sobrevoló, al menos la primera parte del debate, fue la actitud de los candidatos. Mientras Macri trataba de aflojar el tema y hasta hacía intervenciones graciosas, Scioli estuvo más serio, más formal. Tal vez era la única forma de cambiar la sensación de estar abajo en las preferencias con vistas a la segunda vuelta. Sensación porque en lo que hace a la verdad de los números, el candidato del Frente para la Victoria triunfó en la primera vuelta electoral.

A lo largo del debate quedó claro que ambos candidatos querían apuntar a captar el voto de aquellos ciudadanos que no los eligieron ni en las PASO ni en octubre. Sin embargo, en el momento de las palabras el discurso se dirigía al votante que ya tienen, con el discurso de mantener lo conseguido y corregir los errores (por parte de Scioli) y la seguridad de ser el cambio que el país necesita tras 12 años de kirchnerismo (por el lado de Macri).

Daniel Scioli insistió en asociar a Macri con el ajuste, devaluación y las consecuencias económicas que ello traería, pero del lado del aspirante de Cambiemos no hubo indicios de cómo conseguiría divisas genuinas sin devaluar. Macri se limitó a sostener una y otra vez que no devaluará. Scioli remarcó la eventual devaluación del macrismo y las contradicciones del líder del PRO respecto a medidas tomadas por el oficialismo, a las que se opuso en un principio y que ahora respalda.

Por el lado de Macri se pegó a la imagen de Scioli a algunos de los más cuestionados funcionarios el oficialismo como Aníbal Fernández, al igual que puso en duda que Scioli sea el cambio dentro del modelo y criticó que ahora anuncia medidas en temas como Ganancias y jubilaciones que el gobierno no ha adoptado.

El comienzo mostró a un Mauricio Macri al ataque y con tono más relajado, que comparó a Scioli con los panelistas de «6,7,8» y le criticó su ausencia en el primer debate. Scioli estaba más formal, con un tono más enérgico y haciendo eje durante todo el debate en los costos de un ajuste que haría Macri si ganara la presidencia. Un detalle en el trato entre los candidatos: mientras Macri lo tuteaba y lo llamaba por el nombre. El gobernador bonaerense hablaba de Macri en tercera persona, dirigiéndose al votante como «el ingeniero Macri» o «el candidato Macri».

Al señalar la cuestión del ajuste, Macri lo asoció a una campaña del miedo y, en ese sentido, remarcó que el miedo lo tiene el gobierno «porque han abusado del poder». Por su parte, al hacer referencia a las críticas de Macri, Daniel Scioli señaló que «ese gobierno termina el 10 de diciembre», para despegarse del kirchnerismo y mostrarse como el cambio.

En el bloque de educación e infancia, Scioli criticó la postura de Macri respecto a la creación de nuevas universidades, así como no participar de los debates sobre la reforma educativa. En tren de promesas, dijo que quiere «avanzar en la calidad educativa», «impulsar la universalización de la sala de tres años», bajar la deserción escolar y «orientar la educación al mundo del trabajo». Del lado de Macri se remarcó la importancia de centrarse en los niños a partir de los 45 días de vida y defendió los centros de primera infancia de la CABA y prometió una «red de primeros meses que se encargue del embarazo de la mujer hasta el primer año de vida». También se refirió a los docentes, a los que hay que “apoyar, reivindicar, darles el prestigio social, transformarlos en esos agentes de cambio y entender que tenemos que estar comprometidos con una capacitación permanente».

En el tema seguridad, Scioli abogó por una policía equipada y con tecnología para prevenir el delito. Por su parte, Macri aseguró que «no estamos viviendo con la tranquilidad que solíamos hacerlo. Nos preocupa cuando nuestros hijos salen de noche».

El narcotráfico fue tópico de otro cruce. Ante la pregunta de Macri «¿Vos crees como Aníbal Fernández que en la Argentina no se fabrica droga y está de paso?», Scioli insistió con el hecho de que el gobierno termina el 10 de diciembre. «Mauricio, insistís con debatir con un Gobierno y con funcionarios que terminan su gestión el 10 de diciembre». Y replicó: «Si todavía no pudiste resolver el tema de los trapitos, ¿cómo vas a hacer con el narcotráfico?». Además, adelantó que hará propia la propuesta de Sergio Massa de usar el dinero decomisado a los narcotraficantes para financiar centros de recuperación de adictos.

El aspecto de fortalecimiento democrático y calidad institucional fue para Macri la oportunidad de insistir con un «sistema electoral más transparente» bajo el control de un «organismo independiente con tecnología», en el que sería un punto clave la boleta única electrónica. También sostuvo la importancia de una Justicia independiente. Además, prometió una Ley de Arrepentidos, la no imprescriptibilidad de los delitos de corrupción, que se investigue el pasado «pero también nuestro gobierno». Scioli sostuvo que siempre respetó el lugar de las instituciones y destacó que todos los organismos de control de la provincia a su cargo los dirige la oposición. También se refirió a la coparticipación y a la independencia del país frente a los buitres «y los jueces Griesa».

Las palabras de cierre

Mauricio Macri hizo mención a sus gestiones a nivel deportivo y en política. «Hace un tiempo decidí dedicarme a soñar y a mi pasión por el hacer, me refiero a Boca y a la Ciudad. Hacer posible lo imposible. Con Boca llegamos a ser el mejor equipo del mundo. Después trabajando mucho logramos que la gente viva mejor. Y ahora siento que estamos por comenzar una etapa maravillosa, un trabajo en conjunto logrando esa Argentina que nos merecemos hace tiempo».

«Quiero convocarlos a todos porque ya estuvimos varios años enfrentados. Llegó la hora de hacerlo juntos, con la grandeza de nuestros errores y aciertos», aludió Macri, y aprovechó para criticar a Cristina Kirchner sin nombrarla: «Se necesita un presidente que hable menos y escuche más, que haga conferencias de prensa y no cadenas nacionales y que le dé valor al equipo».

Para finalizar, afirmó: «Es hoy el momento que nos desafía a decirles a nuestros hijos que no nos resignamos y nos animamos a ir por ese lugar que le corresponde al país que es crecer, progresar y vivir mejor. Eso se hace con humildad y trabajo».

Los dos minutos finales de Scioli fueron para expresar que hay dos modelos en disputa. Sobre sí mismo sostuvo: «Me preparé toda la vida por las distintas circunstancias que me tocaron vivir para asumir esta enorme responsabilidad que espero que el pueblo argentino me confíe».

«Hay que optar por un candidato que es Macri y otro que es quien les habla, por dos caminos de cara al futuro. Uno, que quiere ir a la agenda del desarrollo contra otro que, bajo el engaño de la palabra ‘cambiemos’, significa el ajuste».

El final fue una convocatoria a sus votantes: «O nos volvemos a arrodillar ante el juez Griesa o tenemos una banca argentina, o te sacan los subsidios o yo les garantizo los subsidios. Es una opción donde nos domine el Fondo Monetario Internacional y sus recetas o es el orgullo y la autoestima argentina».

A la espera del resultado

Ya las palabras fueron dichas. Se vivió un momento histórico, por primera vez hubo debate presidencial en Argentina. Claramente puede perfeccionarse, pero haber comenzado ya es de por sí un logro. Ahora solo queda ver quién es el futuro presidente.