El primer largometraje de Eloísa Solaas, “Las Facultades”, fue parte de la selección oficial del 21° BAFICI, donde recibió el premio a la mejor dirección y actualmente forma parte de la programación del MALBA y el cine Gaumont.

Tenemos la costumbre de sufrir en la etapa de estudio. Si bien corrientes pedagógicas proponen y demuestran que la educación debe ser una experiencia colaborativa, de enseñanza y aprendizaje significativa donde los y las docentes ocupan un lugar de facilitadores y guías, nos encontramos en un sistema que oprime a sus estudiantes y perpetúa el rol docente como un sujeto omnipotente que oficia de obstáculo.

El planteo de esta película invita a repensar la educación a través de diversos contextos y con un factor común: la situación estresante y opresiva de los exámenes finales. Quince estudiantes de distintas carreras universitarias rinden Derecho Penal, Botánica, Física Teórica, Sociología (Ciencias Sociales en el penal 48 del Servicio Penitenciario Bonaerense), Historia del Cine, Filosofía Medieval y una tesis final de Piano… todo en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y otras instituciones nacionales.

Entre estas historias se teje una diferente y es la de Jonathan: él es un estudiante recluso y cuando sea liberado se encontrará con la posibilidad de estudiar fuera de la cárcel. El contraste tiene aristas. Por un lado, se vislumbra la diferencia entre el enorme flujo de las universidades con ingreso público e irrestricto en la que a veces sus partes pierden de vista el sentido de la oportunidad que representa la educación, mientras que en prisión la noción de oportunidad es de otra magnitud.

También cabe una incógnita sobre qué sistema lo espera a Jonathan. Uno que a veces excluye y a veces no, pero que la variable pareciera depender de otras voluntades independientes a la propia. ¿Es justo?

Sin embargo, también se evidencia la necesidad de la instancia de evaluación, aunque podemos poner el foco en las formalidades de cómo y quiénes la llevan a cabo. También es reconocible que forma parte necesaria para indagar en los conocimientos que verdaderamente hayan sido incorporados, reflexionados e interiorizados. Y ahí nos encontramos con más preguntas sobre lo determinante, lo definitivo, las variables que influyen, etcétera.

La película es una proeza que sortea un recorte inevitable, primero el de quienes aceptan ser filmados, luego de la forma de actuar con una cámara en frente, inclusive podemos imaginar que no cualquier docente permitiría un registro abierto de sus exámenes, por lo que también ese puede ser otro filtro. Sin embargo, logra capturar una esencia, un latido nervioso de mucho suspenso y nerviosismo que atraviesa la pantalla y que impacta con toda empatía.

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