“El Alma”, la «Generación Dorada”, “El mejor equipo de la historia deportiva argentina”… o como quieran llamar a esta camada de jugadores y cuerpo técnico que llevaron al básquet argentino a lo más alto llegó a su fin.

El último eslabón de esta cadena de gloria jugó su último partido: Luis Scola, quien a sus 41 años hizo un esfuerzo más allá de lo deportivo para llegar a los Juegos Olímpicos de Tokio, incluso con el retraso de un año (como para darle más épica a su empresa). El partido lo ganó Australia por 97 a 59, pero todo es una mera estadística desde este costado.

La selección de Sergio Hernández llegó por un camino sinuoso, comenzó con una serie de partidos amistosos en Las Vegas y un comienzo errático ante dos potencias como Eslovenia y España (último campeón del mundo) para terminar la fase de grupos con una victoria contundente ante Japón, en lo que fue la mejor versión del conjunto nacional. Los australianos tuvieron un primer cuarto para el olvido desde la ofensiva y, además, se encontraron con una marca férrea de Argentina. Para el segundo parcial, los oceánicos ajustaron los tiros externos, en especial de Patty Mills y de Joe Ingles, ambos tuvieron la ayuda desde la banca de Exum, quien fue la figura del tercer cuarto, allí donde no tuvo rival porque Argentina fue un caos ofensivo, incluso ya para esa altura sin rigurosidad en defensa.

Mucho puede señalarse sobre los puntos negativos a lo largo del torneo como, por ejemplo, el tridente NBA de Facundo Campazzo, Gabriel Deck y Luca Vildoza (habrá que ver si los Knicks hacen uso de la opción después de su desempeño aquí) que nunca estuvo a la altura de sus performances individuales en sus respectivos equipos. Tampoco hubo respuesta por parte de los “europeos” como Nicolás Laprovittola o Leandro Bolmaro, ni mucho menos de los hombres del poste bajo como Marcos Delía, un jugador que tiene buena capacidad rebotera pero nula en ataque.

Más allá de los rivales (salvo Japón), potables ganadores de medalla, el equipo nunca estuvo en sintonía con su reciente historia. Habrá tiempo para balances y reproches, sin embargo, no hay mucho tiempo para lamentos porque la reconstrucción es necesaria desde ahora. La Liga Nacional de Básquet debe ser el semillero de la próxima generación, sin esperar a que desde Europa aparezcan las gemas como si fuera magia o puro azar.

La “Generación Dorada” llegó a su punto finito, todo lo que comenzó en el Campeonato Sudamericano de 1999, siguió en el FIBA Americas de 2001 y tuvo su quiebre en Indianapolis 2002 con la primera victoria de un equipo FIBA a uno de Estados Unidos integrado por jugadores NBA, para tener su punto culmine en la cúspide del básquet mundial con la medalla dorada en Atenas 2004 terminó este martes en Tokio. Podríamos hablar de logros en el medio como el bronce de Beijing 2008, pero lo que quedará grabado en la retina de todas y todos es la bandera argentina por sobre la de todos en Atenas. Hasta la próxima, “Generación Dorada”.