El exlíder estudiantil Gabriel Boric cumplió, el 11 de marzo, su primer año como presidente de Chile y, tal vez, no sean muchos los que puedan decir que haya sido un recorrido sencillo. Ocurre que el mandatario más joven de la historia del país vecino debió enfrentar dos traspiés políticos de enormes dimensiones, que mermaron la potencia gubernamental y dibujan una incógnita en el horizonte cercano.

Por un lado, la derrota en el plebiscito constitucional del 4 de septiembre de 2022 arrojó un abrumador 61,8% de votos por la negativa contra un 38,1% que votó afirmativamente, con una participación electoral del 85,8 por ciento (fue una elección de carácter obligatorio). Se trató de la mayor apuesta política de la historia de la izquierda chilena que, con sus bemoles y sus matices, había redactado una carta magna absolutamente disruptiva y, hasta podría decirse, revolucionaria en varios aspectos: desde la conformación institucional y el rasgo plurinacional hasta la provisión de un amplio repertorio de derechos sociales y económicos.

La derrota, sin embargo, no dio por clausurada la «etapa constituyente» que vive Chile desde que Sebastián Piñera, sobrepasado por las protestas desatadas en octubre de 2019, decidió habilitar la instancia que ofrecía la posibilidad inédita de reemplazar la Constitución de 1980 redactada por Augusto Pinochet. Actualmente está en curso la gestación de un nuevo proceso de conformación de la nueva “ley de leyes” que, sin embargo, no ofrece la misma perspectiva transformadora que la anterior. El devenir de ese recorrido está abierto.

Por otro lado, hace apenas unos días, el rechazo sufrido en la Cámara de Diputados al proyecto de ley de reforma tributaria, con el cual el gobierno planeaba gravar a las principales empresas para recaudar un 3,6% del Producto Bruto Interno (PBI) que le permitiera sustentar un aumento trascendental en el monto de las pensiones, una de las promesas principales de campaña del entonces candidato en 2021. “Hoy celebra la Derecha y los evasores de impuestos y los lobbistas”, declaró el ministro de Hacienda, Mario Marcel, tras la derrota en la votación.

No obstante, la novedad (inesperada para más de uno) reside en las últimas encuestas, que muestran un repunte en la aprobación de la imagen de Boric. Hasta 35 por ciento llega su imagen según CADEM, 39 por ciento según Criteria. El descenso de la inflación, el manejo de la catástrofe de los incendios forestales y el endurecimiento de la política migratoria en la frontera norte son algunas de las causas. Además, el Presidente buscó una especie de relanzamiento de su gestión tras la derrota parlamentaria, realizando cinco cambios en su gabinete. Más precisamente, se trata de Cancillería y de los ministerios de Obras Públicas, Cultura, Deportes y Ciencias.

De la capacidad de maniobra política que muestre Boric de aquí en adelante dependerá su posibilidad de retomar un rumbo que no relegue las promesas transformadoras que realizó en su campaña. Si hay una certeza, es que lograrlo no será fácil. En la vereda de los poderes concentrados hacen fila para verlo fracasar y, así, lograr hundir la experiencia que más incomodó a la oligarquía del país trasandino desde que iniciara la larga noche dictatorial el 11 de septiembre de 1973 hasta la fecha.

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