El año 1986 tuvo más de un acontecimiento en el mundo, de esos que marcan verdaderamente un antes y un después en la historia. Uno de ellos fue la explosión del trasbordador Challenger, el 28 de enero de ese año, que llevaba siete tripulantes, entre ellos una maestra de una escuela secundaria, en lo que pretendió ser el primer vuelo aeroespacial de un civil. Lo que se conoce, incluso hasta hoy, como el «accidente del Challenger», es puesto en serio cuestionamiento en la miniserie que dirigen Steven Leckart y Daniel Junge con producción de J.J. Abrams. Los cuatro episodios se pueden dividir en tres partes bien delineadas: la previa del despegue, el vuelo y la investigación posterior.

La principal cualidad de esta miniserie es el material de archivo obtenido, cuyo grueso está proporcionado por la Administración Nacional de la Aeronáutica y el Espacio (NASA), agencia que documentó cada paso de esa misión tan importante para el organismo, como así también para el país, ya que los vuelos espaciales se habían transformado en eventos cotidianos, por lo que entonces no convocaban al gran público. La otra mitad de la sustancia de contenidos está en las entrevistas a familiares, especialistas e incluso responsables directos del proyecto. No hay dos campanas pero sí hay visiones que difieren sobre los motivos que culminaron en la tragedia. Antes de este final hubo un período victorioso de lo que se conoce como la «carrera espacial» que Estados Unidos termina por liderar en 1981, gracias al programa de los trasbordadores se inició a la era de lo inconmensurable, en el ámbito de los viajes al espacio.

El documental estructura de manera impecable el ascenso y apogeo de la NASA, que tiene un hecho preciso que lo ilustra y es nada menos que el regreso de la primera nave, que se convirtió así en reutilizable. Desde entonces, la visión del organismo se direccionó hacia la posibilidad de construir transbordadores que pudieran enviar y regresar a sus tripulaciones. Era nada menos que un primer paso hacia la navegación civil al espacio exterior. El éxtasis triunfalista, una característica en la nación que suele darse tiros en el pie luego de una victoria (hola, sí, Vietnam) y de los que no aprende demasiado, llevó a proyectar una suma delirante de vuelos planeados en los años siguientes. No solo no se cumplieron esas promesas sino que, además, el público se cansó de los «éxitos» de los viajes, por lo que la NASA y el gobierno de Ronald Reagan idearon un plan para devolverle la popularidad al programa espacial.

«El vuelo de la maestra» se llamó a la aventura de poner dentro de una tripulación por primera vez a un hombre o mujer de a pie. Este fue el vuelo STS-51-L (como se lo conoció oficialmente), el cual se presentó en un periodo de crisis entre la agencia espacial y las empresas tercerizadas que se encargaban de proporcionar nuevos métodos de propulsión. La tensión entre ambos se convirtió en una suerte de correlato de las expectativas generadas por la elección de Christa McAuliffe, la maestra de secundaria elegida para ser parte de la tripulación. La serie balancea entre ambas historias, la que los medios seguían día a día y la oculta sobre la bola de nieve que se formó por la inoperancia y desidia de un grupo de hombres encargados de tomar decisiones importantes en el programa espacial y que derivó en el fatídico desenlace.

El costado conmemorativo, por la memoria de los astronautas que perdieron la vida, tiene una densidad justa de profundidad emocional. Los anhelos, los sueños rotos y las vidas truncas que se fueron en esa explosión no golpean en lo más bajo de la moral en ese documental, algo que los noticieros como formato suelen hacer, sino que explora en la arista más humana de un grupo de personas destinadas a morir por la evolución tecnológica, o lo que al menos sus responsables directos intenta hacer creer con sus palabras, dichas con el tiempo necesario para haber alcanzado a un tipo de reflexión más compasiva.

«Challenger: el vuelo final» es un documental de «cabezas parlantes» que se articula a la perfección con un archivo único, idea que lleva a la preocupación inmediata sobre la pérdida y ausencia de materiales similares en nuestro país por la ineficacia e ignorancia de muchos y muchas que ocuparon lugares de poder. Resulta triste arribar a la idea que si en Argentina pensáramos en hacer documentales sobre hechos de hace tres décadas, incluso más cercanos en el tiempo, es muy probable que no contáramos con material óptimo o ni siquiera con alguno en absoluto. No todas las tragedias siempre salen a la luz ni se presentan como explosiones, también pueden sumar un paso cada día y en silencio. «Challenger: el vuelo final» puede verse en Netflix.