Perú se encamina a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del próximo 7 de junio, en medio de un clima de extrema tensión.
A casi un mes de realizada la primera vuelta el pasado 12 de abril, aún no finalizó el escrutinio a cargo de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), y se espera que los resultados definitivos se oficialicen a mediados de mayo.
Sobre la caótica organización de la jornada electoral se monta el candidato ultraderechista Rafael López Aliaga, quien probablemente quedará tercero y fuera del balotaje, para denunciar un presunto fraude. Con más de 98% de votos escrutados, todo indica que quien enfrentará a Keiko Fujimori en la segunda vuelta será el centroizquierdista Roberto Sánchez, exministro de Comercio Exterior y Turismo durante el gobierno de Pedro Castillo (2021-2022), y congresista de la República por el periodo 2021-2026. En tanto, este jueves vence el plazo para revisar actas impugnadas y avanzar hacia la segunda vuelta.
Este martes, Aliaga afirmó que no jurará como senador, luego de asegurar que no reconocerá los resultados de los comicios de abril. «(¿Va a juramentar como senador?) Te adelanto, en estas condiciones, ni loco. (¿Ni loco va a juramentar como senador?) En estas condiciones, no», dijo en una entrevista televisiva. El candidato trumpista peruano se muestra decidido a torpedear hasta el final el enturbiado proceso electoral peruano, en su afán por lograr su principal exigencia, cada vez más improbable: la convocatoria a elecciones complementarias.
Por su parte, el titular del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), Roberto Burneo, quien recibió amenazas de muerte por parte de seguidores de Aliaga, descartó que vaya a renunciar. «En una democracia, la protesta es un derecho legítimo. Pero nunca puede derivar en actos de intimidación, hostigamiento o amenaza y, menos aún, cuando se pone en riesgo a las personas y sus familias», dijo Burneo.
Mientras tanto, Sánchez mantiene una distancia de 23 mil votos sobre Aliaga, y ya se mueve como candidato rumbo al balotaje. El dirigente de Juntos por el Perú, formación ubicada a la izquierda del espectro político, propone una transformación de raíz. «Junto al pueblo iniciaremos la refundación de la patria con una Nueva Constitución. Junto al pueblo castillista, el movimiento popular, los etnocaceristas y los nacionalistas, nos unimos para abrir un nuevo capítulo en la historia del Perú. Ha llegado el momento de la verdadera refundación de la patria: una patria soberana, justa y construida desde las bases del pueblo peruano», escribió Sánchez en su cuenta de X días antes de la primera vuelta.
Por su parte, Keiko Fujimori apuesta a polarizar con «la izquierda», «el comunismo», «los rojos» y demás etiquetas. En Perú, la memoria histórica del sufrimiento causado por los atentados terroristas de la guerrilla maoísta Sendero Luminoso persiste en buena parte de la población, y es la explicación por la que su padre, el expresidente devenido dictador Alberto Fujimori (1990-2000), quien enfrentó con mano dura a Sendero Luminoso (numerosos crímenes estatales mediante), logró a lo largo de las últimas décadas mantener un porcentaje significativo de aprobación de su «legado».
En Perú se entrelazan de forma inseparable la crisis estructural y perdurable del sistema político con un modelo económico de estabilidad macro y pauperización brutal de las mayorías. Con este marco, la incertidumbre es la norma, y nadie se anima a augurar un resultado. Posiblemente, la polarización generada en la segunda vuelta de las elecciones de 2021 (en la cual Castillo se impuso sobre Fujimori por 50,1% a 49,8%) tenga su reedición en la campaña que está por iniciar.