Ella salvó a un inglés civilizado: representaciones de «Pocahontas»

A pesar de que los datos históricos cuenten otra historia, el mito de Pocahontas y John Smith ha sido reescrito una y otra vez en la pantalla grande.

Cada nación configura su identidad alrededor de un mito de origen. Basado en hechos reales o ficcionado, siempre es una interpretación. Como señala Barthes en «Mitologías», el mito le otorga la simplicidad de las esencias a los actos humanos. Y así es como la nación estadounidense tomó la historia de Pocahontas y John Smith.

Una de las fuentes más relevantes del temprano período colonial norteamericano es la «Historia general de Virginia y Nueva Inglaterra» del colono inglés John Smith. Su testimonio narra la fundación de Jamestown en 1607 y convirtió a Pocahontas en una de las mujeres más famosas de los inicios de la historia estadounidense, foco de múltiples relatos que llegaron incluso a la pantalla grande.

En tiempos muy diferentes, «Captain John Smith and Pocahontas», la animada «Pocahontas» y «El nuevo mundo» muestran este momento fundante de la representación de la figura de la mujer y el colonialismo

«No son como tú y yo. No hay que confiar en ellos»

A grandes rasgos, los hechos son los mismos en todos los casos: Smith es tomado como cautivo por los nativos, llevado a un lugar importante del poblado donde es tirado al piso y, cuando el arma está por alcanzarlo, Pocahontas se echa sobre él impidiendo su muerte. Lo que sí cambia es cómo es imaginado ese lugar y quién lo va a matar.

En «Captain John Smith and Pocahontas», dirigida por Lew Landers, el inglés es llevado a un espacio caricaturesco: los cautivos atados esperan ser «cocinados», los habitantes bailan con atuendos de disfraz infantil. Aunque en los años cincuenta surgían westerns revisionistas que reinterpretaban a los pueblos originarios, aquí, probablemente por el bajo presupuesto, todo cae en la estereotipación.

Vestidos de manera arquetípica similar, y con el estilo clásico de Disney, en «Pocahontas» se elige un espacio natural: la cima de un risco, en concordancia con el tema central de la película, naturaleza versus civilización. Abajo, ingleses y el pueblo indígena a punto de romper en armas. Arriba, Powhatan, el jefe de la tribu, su hija Pocahontas y el colono. Es este el único caso en que el padre es quien, con sus propias manos, va a matar a Smith.

Este caso es el que más ficcionaliza el relato de Smith, y hacerlo desde Disney, en el apogeo de su renacimiento, trajo consecuencias: se cuestionaron el romance entre protagonistas, la romantización del «choque de culturas» y, sobre todo, el hecho de que Pocahontas era menor de edad.

Como respuesta, con un enfoque poético y realista, aparece la dirigida por Terrence Malick, «El nuevo mundo». Mucho más sensorial (es clave la fotografía de Emmanuel Lubezki), el capitán es llevado a un espacio cerrado donde las luces y sombras eligen aquello que se puede ver: los rostros, las expresiones, mientras el ambiente queda fuera de foco. Esa atmósfera genera tensión y hace que Smith aparezca como un elegido.

«Sigue las pisadas de un extraño. Y mil sorpresas hallarás alrededor»

En los tres casos, la salvación no es el primer encuentro entre Pocahontas y Smith. Siempre hay un momento previo donde interactúan, que es lo que cimienta la posibilidad del romance que, de modos muy diferentes, los tres casos construyen.

En la escena, Pocahontas mira desde la multitud y de lejos, pero en todos los casos tiene agencia: puede correr e interponer su cuerpo, y tiene una voz con peso que hace reflexionar a su padre. En «Captain John Smith and Pocahontas» (y ocurre de manera similar en «El nuevo mundo») esa voz focaliza la noción de alianza: «Estos blancos no son nuestros enemigos. Ellos quieren vivir con nosotros como hermanos». Lo que se entiende en ambos casos es que la salvación implicaba algo más: una asimilación a su cultura.

Una lectura histórica propone el problema de la interpretación, no solo de lenguas sino de ritos: este «arrojarse» sobre el inglés sería una parte de un ritual y no una salvación. En la sociedad powhatan, las mujeres podían ejercer como jefas y eran consideradas fuentes de sabiduría y autoridad. Esa es la razón (y no la bondad ni el amor) que explica cómo Pocahontas colaboró con las relaciones de su pueblo con los ingleses.

La versión disneyficada le da a Pocahontas albedrío («Si lo matas a él, me vas a tener que matar a mí también.»), pero lo hace enfocándose en el romance: a diferencia de los otros casos, este momento es el clímax de la película, y el arrojo de la hija permite al jefe tomar conciencia de la importancia de la unión de pueblos.

¿Escuchaste a los subalternos contar su historia?

Toda narrativa se construye sobre la base de un conjunto de acontecimientos que se elige dejar fuera, y eso es precisamente lo que más interpela. La complejidad histórica de Pocahontas como agente política queda siempre silenciada en favor del mito. Ella fue mucho más que la «princesa» romántica que las ficciones nos relatan: fue una figura política activa que representó los intereses de su pueblo en las negociaciones con los colonos.

En «Tesis sobre la filosofía de la Historia», Walter Benjamin señala que la historia se construye desde el «tiempo del ahora». Ese ahora es el de la producción, donde se imprime la mirada de los directores: explotativa y caricaturesca en «Captain John Smith and Pocahontas», romántica e infantilizada en «Pocahontas», metafísica con pretensiones realistas en «El nuevo mundo».

Pero ese ahora también es el nuestro: sabemos quién era realmente Pocahontas, sabemos cuáles eran las intenciones de los colonos y sabemos qué hicieron con esos pueblos. Por eso estos relatos siguen siendo actuales: el arte también construye mundo, y mirarlo críticamente es parte de construir uno mejor.

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