Al pibe le duele la muela y, aunque eso no le impide hablar, no me dice su nombre. No es chiste, la pasa mal cada vez que aparece esa sensación en la boca. No encuentra otra forma de calmarse más que con un poco de hielo sobre la mejilla. La solución es casi instantánea, pero no es solución. Solamente le permite volver a hacer lo que estaba haciendo y esperar a que la dolencia tenga piedad por él y no vuelva a surgir.
trabajo en negroUno al saber de esta historia lo primero que dice o, mejor dicho, que piensa es el por qué no va a un consultorio odontológico. Y acá está el tema en cuestión: para quien no tiene obra social los servicios tienen costos más elevados. Y para complejizar el asunto, te agrego que labura “en negro” y el salario (aunque ya no se paga con sal) apenas si le alcanza.
Esta situación puede pasar en cualquier lugar de Latinoamérica y el Caribe, porque existen 127 millones de personas que trabajan en condiciones de informalidad y, en su mayoría, pertenecen a los sectores más vulnerables de la población. A pesar del crecimiento de la región, el número de afectados difícilmente se reduzca. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), “aún si los países lograran mantener un crecimiento económico robusto, lo cual en algunos casos no está sucediendo, serían necesarios más de 50 años para reducir a la mitad la tasa de informalidad de 47,7% de los trabajadores ocupados urbanos”.
Para afirmar esta problemática, la directora regional de la OIT, Elizabeth Tinoco, explica que “la informalidad es persistente y no se reducirá por sí sola”, en clara alusión por comprometer a los gobiernos para desarrollar políticas públicas que posibiliten “avanzar en la lucha contra la pobreza y la desigualdad”. Asimismo, Tinoco manifiesta que “la formalización de la informalidad plantea un desafío político a nuestros países, pues al obstaculizar el progreso de nuestras sociedades genera situaciones de frustración y desaliento que tienen el potencial de comprometer la confianza en las instituciones y la gobernabilidad democrática”.
trabajo en negroEl pibe con dolor de muela pertenece al 20% de la población con menos ingresos, y se incluye en el 73,4% de las personas que se hallan en situación de informalidad laboral. Confía en que su condición va a revertirse porque, precisamente, la OIT estima que entre este sector abunda el emprendimiento, la iniciativa, el ingenio, el sacrificio y el esfuerzo, aunque es sinónimo de empleos con bajos ingresos y no cuentan con protección social, derechos, estabilidad y, en muchos casos, las perspectivas de futuro son escasas.
Al respecto, Elizabeth Tinoco asegura que “la mayoría de las personas no se incorporan a la informalidad por elección, sino por la necesidad de sobrevivir, de hacer algo que les permita llevar un ingreso aunque sea mínimo a sus casas”.
Entre las consecuencias que destaca la OIT se enumera la marginalidad legislativa del trabajo “en negro”, no cumple con el pago de impuestos, no brinda cobertura de seguridad social y, generalmente, tampoco lo hace en materia de otras prestaciones hacia el empleado.
¿De qué labura el pibe? La pregunta es válida. Tal vez pertenece al 5,2% de los trabajadores informales que desempeñan sus tareas en el ámbito doméstico, al 11,4% que lo hace donde se realizan tareas formalizadas pero no en su totalidad, o bien al restante porcentaje de ese 47,7 de trabajadores informales que realizan su actividad de manera totalmente informal.
trabajo en negroPero no todas son malas noticias, porque Tinoco destaca que “en la región hay creciente consciencia sobre la necesidad de mejorar la calidad del trabajo y de formalizar las empresas, y en diversos países se han comenzado a tomar medidas para hacerle frente. La informalidad es heterogénea y multidimensional, por eso la única manera de abordarla es a través de una combinación de políticas”, asegura la directora regional de OIT para América Latina y el Caribe.
Para colaborar con el desarrollo de estas políticas públicas que mejoren la calidad de vida de las personas, la OIT comparte algunas medidas apuntadas a “promover la formalización de empresas, aumentar la cobertura de protección social, generar incentivos concretos para la formalización, estimular al trabajador por cuenta propia, mejorar los mecanismos de control y articular la formación de oferta de empleo”.
Para que el pibe pueda sentirse bien física y mentalmente, para que no le duela la muela ni el bolsillo, es necesaria y fundamental la participación del sector empresarial y del Estado, en conjunto, para convertir al trabajo “en blanco” en un buen negocio.

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