En 1999, Pedro Almodóvar se consagro a nivel mundial con su melodrama “Todo sobre mi madre”, una trágica historia de pérdidas y reencuentros que tenía como epicentro la relación entre mujeres que afrontan múltiples adversidades y que tomaba como punto de partida la terrible pérdida de un hijo adolescente. Esta película ganaría varios premios entre los cuales el Oscar a la Mejor Película Extranjera sería el broche de oro de un recorrido exitoso.
Su siguiente película, “Hable con ella”, estrenada en el año 2002, elevaría aún más el prestigio del director manchego al alzarse con el Oscar a Mejor Guion Original, siendo hasta la fecha la única realización española en conseguir dicho galardón.
Existen varios conceptos similares que se exploran en ambas películas como el amor, la pérdida, el duelo y las segundas oportunidades. Si en “Todo sobre mi madre” el núcleo de la historia se basaba en las peripecias del universo femenino, en “Hable con ella” el sufrimiento recae sobre dos hombres y su relación con dos mujeres en coma. Es por ello por lo que el mismo universo continúa siendo el gran orquestador del eje dramático que atraviesan los personajes masculinos.
Por un lado, tenemos la historia de Benigno (Javier Cámara), un enfermero que cuida de Alicia (Leonor Watling), quien permanece en coma tras ser atropellada por un automóvil. Por otro lado, aparece Marcos (Darío Grandinetti), un periodista que permanece pendiente de su pareja Lydia (Rosario Flores), una torera que queda en ese estado luego de sufrir una embestida en plena practica de esa cuestionable disciplina.
Como es lógico, Marcos se encuentra hundido en una profunda tristeza, mientras que Benigno dedica su vida entera al cuidado de Alicia, incluso tomando turnos de sus compañeras para permanecer más tiempo junto a ella. Su vida parece girar exclusivamente alrededor de esa mujer, hablándole constantemente como si aún estuviera despierta.
Hable con ella refleja una carga emocional atravesada por la melancolía y el duelo de Marcos, pero también por el amor obsesivo y compulsivo de Benigno y para articular ambas historias, Almodóvar decide segmentar el relato en dos grandes bloques narrativos que parten de un prólogo en el cual ambos personajes coinciden, sin conocerse previamente, sentados frente a una obra de teatro que conmueve hasta las lágrimas al personaje de Grandinetti, emoción que termina impactando también en Benigno. El teatro, es otro de los recursos que Almodovar había utilizado en su largometraje previo. En el que varios personajes que comprenden la trama se cruzan, se unen o se separan.
Marcos y Lydia
Marcos es un periodista que sumido en una profunda tristeza producto de una relación pasada que cree haber superado. Se vera obnubilado por la personalidad de Lydia durante una entrevista televisiva y forzara un primer acercamiento profesional que luego deriva, mediante una elipsis, en una relación aparentemente sana y estable con esa mujer. Sin embargo, como hemos mencionado anteriormente, Lydia resulta gravemente herida en la arena y termina internada en la misma clínica donde Benigno cuida de Alicia.
Benigno y Alicia
Benigno parece transitar un permanente estado de gracia, al menos durante la primera parte de la película. No es casualidad que sea él quien cuide de Alicia luego de su accidente, ya que el amor que siente por ella parece no conocer límites, al punto de construir un vínculo tan íntimo como opresivo que se ve representado por una cadena de situaciones que se nos muestran que son moralmente cuestionables.
Benigno imita los gustos de Alicia, asiste a proyecciones de cine mudo para luego narrárselas mientras limpia o masajea su cuerpo, generando una sensación de cercanía perturbadora. Todo esto funciona como preludio de una situación completamente aberrante, representada por Almodóvar de una manera magistral en la cual, el director se da el lujo de insertar una película muda dentro de su propia realización, otro gesto que evidencia una de las tantas obsesiones cinematográficas del español.
Las preocupaciones constantes de Pedro
En definitiva, “Hable con ella” termina funcionando como una evolución natural de las preocupaciones narrativas que Pedro Almodovar había explorado un par de años antes en “Todo sobre mi madre”. Ambas realizaciones dialogan desde el dolor, la pérdida y la necesidad desesperada de afecto, pero mientras una encontraba contención en la unión entre mujeres devastadas por la tragedia, la otra deposita ese vacío emocional en dos hombres incapaces de comprender los límites entre el amor, la obsesión y la soledad. Almodóvar construye así una de las obras más complejas de su filmografía, una película que transforma el melodrama en una reflexión incómoda sobre la comunicación humana, los vínculos y la resignación frente a la soledad.