La llamada «Primavera Árabe», la serie de revueltas ocurridas desde el año 2010 en los países africanos de idioma árabe y la península arábiga, sigue dando coletazos. En Egipto, el ejército dio un golpe de Estado que derrocó a Mohamed Morsi, el primer presidente de ese país elegido democráticamente en más de 5.000 años de historia.
Egipto durante la Primavera Árabe

Hosni Mubarak
Hosni Mubarak
La revolución ocurrida durante enero y febrero de 2011 motivó la renuncia del presidente Hosni Mubarak tras casi 30 años de gobierno y su posterior huida del país hacia el centro vacacional de Sharm el-Sheikh, donde su familia se había trasladado días antes. En mayo de 2012, Mubarak fue sometido a juicio y condenado a cadena perpetua por su participación en la represión que causó más de 800 muertos durante la revolución que provocó su derrocamiento.
Tras los incidentes de 2011, se hizo cargo del gobierno el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA), compuesto por 20 oficiales militares de las Fuerzas Armadas de Egipto. Este consejo gobernó desde la revolución egipcia hasta la posterior dimisión de Mubarak. Durante este período fue objeto de fuertes cuestionamientos por abusos políticos y violaciones a los derechos humanos.
En julio de 2011 hubo nuevas manifestaciones que pedían una aceleración en el proceso hacia la transición democrática, por lo que el jefe del ejército del país, Mohamed Hussein Tantawi, llamó a comicios electorales. En la segunda vuelta de junio de 2012, Mohamed Morsi fue electo presidente.
Presidencia de Morsi
Estuvo signada por diversos problemas económicos, desempleo, escasez de combustible y conflictos sociales. Entre sus objetivos, Morsi impulsó un incremento de la influencia del islam en la comunidad egipcia.
Entre algunas de sus acciones destacan:
morsiLa redacción de una nueva Constitución que contuviera más derechos civiles e inspirada en la sharia, la propuesta de una nueva ley para preservar la figura presidencial de problemas y conflicto legales, obligó a renunciar a varios miembros del ejército (entre ellos el mariscal Mohamed Hussein Tantawi) y realizar una mediación entre Israel y Hamás.
Esta actuación en el campo internacional llevó a Morsi a proponer una norma por la cual se le otorgaban amplios poderes de supervisión e inmunidad legal para su persona. Esto generó malestar entre la población y, a fines de noviembre de 2012, se realizaron marchas y manifestaciones en la principales ciudades del país.
A poco de cumplirse un año de la elección de Morsi, el 29 de junio manifestantes pertenecientes a Tamarrod («rebelión» en árabe) se agruparon en varias ciudades egipcias con el pedido de renuncia de Morsi y aseguraban que tenían las firmas suficientes en contra del presidente. Con el correr de los días, el número de concurrentes a las protestas se incrementó y el 1° de julio el jefe de las fuerzas armadas egipcias, el coronel general Abdul Fatah al-Sisi, dio un ultimátum a los políticos para que en 48 horas respondieran al reclamo de los ciudadanos. “Si las demandas de la gente no se realizan en el periodo definido, entonces corresponderá [a las Fuerzas Armadas] anunciar una hoja de ruta para el futuro”, dijo el militar.
Tras la renuncia de cuatro ministros (el titular de Turismo, Hisham Zazou; el ministro de Comunicación, Atef Helmi; el ministro de Estado para asuntos jurídicos y parlamentarios, Hatem Bagato y el ministro de Estado para asuntos ambientales, Khaled Abdel Aal), la presidencia informó que rechazaba el ultimátum militar. Morsi anunció por la televisión que no pensaba dejar el cargo y manifestó que lo iba a proteger “con su sangre”. Además, acusó a los seguidores de Hosni Mubarak de haber provocado los disturbios para derrocar a «la democracia».
El miércoles 3 de julio, fecha en que se cumplía el plazo dado por los militares, el ejército se juntó con algunos dirigentes de diversos partidos políticos para analizar y diseñar los pasos a seguir ante la actitud presidencial de no dimitir. En la reunión, a la cual la Hermandad Musulmana no concurrió, estuvieron presentes destacadas figuras de la oposición como Mohamed el-Baradei, el papa copto Teodoro II, el jeque de la Mezquita de Al-Azhar (Ahmed el-Tayeb) y el organizador del movimiento Tamarrod, Mahmoud Badr.
El derrocamiento de Morsi
A las 17, hora de Egipto, en el mismo momento en que millones de manifestantes contrarios a Morsi se congregaban en la Plaza Tahrir, los miembros del ejército tomaron numerosas infraestructuras de El Cairo. La residencia presidencial fue rodeada y el presidente Morsi fue detenido.
morsiTras apresar al presidente, Abdel Fatah al Sisi anunció que se suspendía temporalmente la Constitución y, en una represión contra manifestantes a favor de Morsi, hubo cinco muertos y más de 180 heridos en ciudades del país tras conocerse el golpe.
Según el plan armado por el ejército, el titular de la Corte Constitucional, Adly Mansour, administrará la etapa interina y convocará a elecciones presidenciales anticipadas. Al Sisi señaló que el presidente tendrá todo el poder para hacer realizar tareas administrativas y declaraciones constitucionales y nombrar a un jefe de gobierno con prerrogativas. También se instaurará un comité de expertos para reformar la Carta Magna, de acuerdo con el proyecto que llevaría adelante Al Sisi, que dio su discurso acompañado de líderes políticos: el jeque de la institución islámica de Al Azhar, Ahmed Tayeb, y el papa copto, Teodoro II.
Tras jurar Mansour como presidente, el ejército inició una campaña «para perseguir» a los Hermanos Musulmanes cuyo líder, Mohamed Badie, tenía orden de arresto y fue atrapado en una localidad costera. En señal de protesta, los Hermanos Musulmanes adelantaron que no tomarán parte del proceso de transición y llamaron a una jornada de protestas.
Foto: AP
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Las fuerzas armadas dijeron desconocer el paradero de Morsi y afirmaron que tienen previsto instalar un gobierno civil interino que facilite el llamado a nuevos comicios, aunque no precisaron en qué tiempos. También aseguraron que su actitud fue en respuesta a miles de ciudadanos que pedían la renuncia de Morsi y manifestaron su intención de estar al margen de la política.
Los partidos opositores a Morsi consideraron que el mandatario y los Hermanos Musulmanes se apropiaron el proceso político abierto en Egipto tras la caída del dictador Hosni Mubarak, en 2011, quien gobernó treinta años.
Para evitar generar una polarización muy marcada, Mansour dijo que “la Hermandad Musulmana es parte de este pueblo y está invitada a participar en la construcción de la nación, porque nadie será excluido, y si responden a la invitación, serán bienvenidos”, llamando al diálogo a un grupo con mucha penetración entre la gente.

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