Normalmente, llegar a fin de año nos trae un breve espacio para hacer un balance de lo sucedido a lo largo de los 365 días o bien detenerse en un proceso que aconteció en un período de tiempo determinado.

Esa brecha la podemos ubicar entre el calor del 16 de febrero en cancha de Vélez Sarsfield y el frío de la madrugada argentina del 6 de julio, del inicio de la temporada de Super Rugby hasta el final, propiamente dicho.

De principio a fin y de menor a mayor (literalmente), fue la experiencia de Jaguares en la temporada 2019 del Super Rugby, donde la franquicia que comandó Gonzalo Quesada alcanzó un subcampeonato «digno»: entiéndase este término (muchas veces menospreciado para hablar de las desventuras del rugby nacional) como de respeto por el trabajo realizado por el cuerpo técnico y los jugadores frente a las mayores potencias del rugby mundial.

Quesada fue nombrado head coach de la franquicia en agosto del año pasado, reemplazó a Mario Ledesma quien se fue a Los Pumas tras un buen 2018, donde el equipo alcanzó los playoffs por primera vez en su historia (derrota en cuartos de final frente a Lions 40 a 23 en Sudáfrica).

El «10» formado en Hindú y goleador del Mundial 1999 vino con experiencia desde Europa: coach de pateadores de la selección francesa y Racing 92 de París, y como entrenador en Biarrtitz y Stade Francais, donde se consagró campeón en la temporada 2014-15. Pergaminos no le faltaban: exapertura y figura de Los Pumas, excelente rendimiento como jugador y técnico en el Viejo Continente.

La incursión de Quesada fue fundamental para el crecimiento del equipo como tal, en la planificación del trabajo y en definir un estilo de juego, que fue creciendo con el correr de las fechas, fortaleció la defensa e hizo de ella su estandarte para desarrollar la efectividad en los casos necesarios y brillar cuando los partidos lo requirieron.

El camino

Los primeros tres partidos fueron disputados en el Estadio José Amalfitani, donde Jaguares consiguió dos victorias: frente a Bulls por 27-12 y Blues por 23-19. Lions, verdugo en el 2018, también lo fue en el debut de 2019, los sudafricanos se llevaron la victoria por 25 a 16. Un buen arranque antes de emprender viaje a tierras sudafricanas.

En el país de los campeones mundiales de rugby, Jaguares tuvo dos traspiés en los dos encuentros disputados. El primero frente a Lions (cuándo no) en Johanesburgo, donde los locales se impusieron 47 a 39. En la fecha siguiente, la franquicia argentina sufrió un duro revés: goleada y un pobre rendimiento frente a Stormers en Ciudad del Cabo (35 a 8).

Jaguares disfrutó de una jornada libre y volvió al ruedo en la séptima fecha frente a Chiefs, franquicia neocelandesa, en Vélez. Tras dominar gran parte del partido, la visita se llevó la victoria en los últimos minutos de partido (30-27), con una excelente actuación de Damian McKenzie (quien meses después se perdió el Mundial por una lesión).

Luego, nueva excursión a Sudáfrica para disputar la octava y novena fecha, frente a Bulls y Sharks en Pretoria y Durban, respectivamente. Fue en tierras africanas donde el equipo apareció, sacó adelante un partido muy adverso, tomó confianza y comenzó a mostrar la solvencia, contundencia y el buen juego que lo llevaron a instancias finales.

Frente a Bulls, el encuentro fue muy peleado y disputado. Cuando todo hacía parecer que el local se llevaba la victoria, Gonzalo Quesada mandó a la cancha a Domingo Miotti. El juvenil le cambió la cara al equipo con su clase y atrevimiento, apoyó dos tries decisivos para dar vuelta una historia adversa y Jaguares festejó después de tres fechas. Victoria 22 a 20.

En la siguiente jornada, la franquicia nacional brilló frente a Sharks, lo goleó a domicilio 51 a 17. Apoyó 7 tries: hat-trick de Matías Orlando y dos de Pablo Matera, mientras que Matías Moroni y Tomás Cubelli completaron la faena. Tremenda victoria que permitió sumar confianza al plantel en su retorno al país.

Brumbies y Stormers en Buenos Aires fueron los rivales a enfrentar. Jaguares ganó los dos encuentros, con un juego sólido, una excelente defensa y el oportunismo para llegar al ingoal rival. 20 a 15 a los australianos y 30 a 25 a Stormers, tomándose una pequeña revancha de aquel partido fatal en Ciudad del Cabo.

El paso siguiente fue la gira, durante un mes, por Oceanía y el desafío radicó en continuar con el buen juego y la remontada que comenzó en Sudáfrica. Jaguares ratificó lo que se trabajó y se mostró en cancha, no solo se trató de una seguidilla de buenos resultados sino que el trabajo comenzó a dar frutos, el equipo funcionó y muy bien.

La primera parada fue Nueva Zelanda, más precisamente en la ciudad de Dunedin, donde Highlanders se impuso por 32 a 27, resultado tan estrecho como polémico. Jaguares fue perjudicado en ese partido y hasta el propio Quesada manifestó ni bien terminado el encuentro: «Nos robaron».

Pero la bronca de esa injusticia se procesó en buen juego frente a Hurricanes, con victoria argentina 28 a 20 en la ciudad de Wellington. Los resultados positivos continuaron en tierras australianas, con triunfos sobre Warathas 23 a 15 en Sidney, mientras que en Brisbane el rival fue Reds, y el 34-23 final significó el final de una exitosa gira y la confirmación de Jaguares como equipo.

A falta de dos fechas, la franquicia se posicionó en un muy buen lugar de la conferencia sudafricana y contaba con posibilidades reales no solo de acceder a los playoffs sino de quedar en la primera posición. Sharks era el principal perseguidor y tenían que enfrenarse entre sí en Buenos Aires.

Jaguares bailó a los sudafricanos, le ganó 34 a 7 y aseguró la primera posición, mientras que la fase regular se completó una semana después con una contundente victoria frente a la franquicia japonesa, Sunwolves, por 52 a 10, en donde el cuerpo técnico le dio rodaje a los jugadores que no eran titulares.

Punteros en la conferencia sudafricana con 51 puntos, 11 victorias y 5 derrotas en 16 partidos disputados. 60 tries apoyados, 461 puntos a favor y 352 en contra. Estos números no solo le permitieron a Jaguares avanzar a cuartos sino disputar como local la primera parada de los playoffs.

Los cuartos de final encontraron a argentinos y neocelandeses: Jaguares y Chiefs, como en la fecha seis de la fase regular. El encuentro arrancó favorable para los dirigidos por Quesada, que antes del minuto de juego se pusieron arriba en el marcador gracias a un try de Pablo Matera.

Chiefs logró doblegar a la defensa argentina y dio vuelta el marcador. En el segundo tiempo el equipo fue decidido a quedarse con la victoria y lo consiguió. Matías Moroni entendió a la perfección cómo se juegan estos partidos, try debajo de los palos para asegurar la conversión de Joaquín Díaz Bonilla, quien gracias a sus patadas decretó el 21 a 16 final.

La pesca final de Moroni hizo delirar a un colmado estadio de Vélez Sarsfield, Jaguares mostró personalidad, no se achicó frente a un rival de temer, se repuso (como en más de una vez) ante situaciones adversas y sacó adelante un partido dificilísimo.

La próxima parada fueron las semifinales frente a los Brumbies australianos, que se dieron cita en Vélez. Desde la gente del rugby propiamente dicha, pasando por los que lo miran de reojo y hasta los «autoconvocados» por el rendimiento de Jaguares, fue una fiesta, tanto en las tribunas como en el campo de juego.

Jaguares anuló a Brumbies, lo goleó, lo pasó por arriba en una actuación memorable de todo el equipo: 39 a 7 y el pase a la final. Histórico.

El último casillero fue Crusaders, el mejor equipo del certamen desde hace ya varios años. Jaguares viajó a Nueva Zelanda para afrontar el partido decisivo en la ciudad de Christchurch, en la noche neocelandesa, durante la madrugada argentina.

Pese a muy buenos 20 minutos iniciales de los argentinos, con llegadas claras al ingoal de Crusaders, la mala fortuna o la jerarquía del rival (depende del ángulo de la pasión que se lo analice) impidieron las conquistas de Jaguares.

Al campeón le bastó con golpear en los momentos clave para sacar la diferencia inicial y asegurar el 19 a 3 final con los aciertos a los palos de Richie Mo’unga. El resultado final pasó a ser anecdótico, Crusaders fue más que un justo campeón.

Gonzalo Quesada sacó pecho por el trabajo de su equipo, Pablo Matera fue premiado como el mejor jugador del partido, el resto de los compañeros mostraron una mueca de bronca por el resultado final, pero con orgullo por el camino transitado de principio a fin. Tomará mucho tiempo entender la dimensión de lo realizado por Jaguares en esta edición 2019 del Super Rugby, sin lugar a duda una de las páginas más gloriosas del rugby nacional.