La excusa detrás de «Lo imposible» y «Más allá de la vida»             

El 26 de diciembre de 2004 un terremoto en el Océano Índico provocó el mayor tsunami del siglo XXI, el más devastador al que la humanidad se haya enfrentado jamás.

Lo que comenzó como una mañana idílica de Navidad en un resort de Khao Lak, Tailandia, se transformó en la peor de las pesadillas. María Belón leía junto a la piscina mientras su marido y sus tres hijos se bañaban. «De repente oímos un ruido horrible, como el sonido de miles de grandes aviones, y veo alzarse ante mis ojos un muro negro: era la ola». Un relato escalofriante en primera persona. Segundos más tarde la familia fue arrastrada por la fuerza torrencial del tsunami.

Haciéndolo posible

Bajo la dirección de J.A. Bayona, «Lo imposible» trasciende la gran pantalla al nacer del testimonio de la doctora española María Belón. Fue ella misma quien se sumergió en el proceso de producción, ensamblando su memoria con la visión cinematográfica.

El rodaje tuvo lugar principalmente en Ciudad de la Luz Film Studios, dotado de última tecnología. Se utilizaron más de 10 cámaras submarinas para poder capturar con precisión los movimientos del agua y de los personajes. Para el impacto de la ola, creada en uno de los tanques de agua más grandes del mundo, necesitaron millones de litros de agua movidos por un sistema generador de oleaje, exigiendo a los actores un duro trabajo físico. En una de las jornadas de rodaje, el set entero se estremece cuando, de un silencio absoluto, empieza a sonar una melodía de Morricone. Aferrada con fuerza a un árbol y completamente metida en la piel de María, Naomi Watts lanza un grito desgarrador que confirma la enorme carga emocional de “Lo imposible”.

El tsunami como punto de partida

Para crear la compleja secuencia de la misma ola, en «Más allá de la vida» de Clint Eastwood, el equipo grabó en la isla hawaiana de Maui, compuesta por materiales obtenidos en un inmenso tanque de agua en los Estudios Pinewood y en colaboración con la compañía de efectos visuales Scanline. Emplearon escaneados láser de todos los elementos, desde la playa hasta los actores y los destrozos provocados por el tsunami para construir un modelo digital y recrear la ola devastadora.

En dos partes

El personaje de Cécile de France en «Más allá de la vida» podría funcionar casi como una secuela del personaje de Naomi Watts en «Lo imposible».  Ambos cineastas confluyen en un mismo fenómeno natural devastador dándoles un vuelco a la corriente de la vida de sus personajes. Tanto Marie como María consiguen recuperar sus vidas tras haber atravesado una experiencia traumática de una intensidad abrumadora. En el minuto final de «Lo imposible», el director lleva a la pantalla la mirada desgarradora de una de las actrices más poderosas de Hollywood, lo que había sido unas vacaciones navideñas en una de las playas más paradisíacas del mundo se transformó en pánico y en una lucha desesperada por la supervivencia.

Clint Eastwood, en cambio, se sumerge en una historia coral. El instante aterrador del tsunami es como si fuese el primer relato de un cuento de terror, y a partir de allí narrar otras historias vinculadas, de una u otra forma, a la muerte. En una costa del sur de Asia una famosa periodista francesa es azotada por el maremoto, en un barrio marginal de Londres, dos hermanos gemelos que viven con una madre enferma y temiendo la visita de servicios sociales, resulta en la muerte accidental de uno de ellos, y al otro lado del mundo, en San Francisco, un obrero constructor y fanático de Charles Dickens posee el don de contactarse con los muertos. Contados de manera singular a través de los ojos de tres personas de distintos lugares del mundo y contextos opuestos, estos relatos se integran magistralmente al final.

El miedo, el sentido de la existencia, el amor y la soledad absoluta, se reflejan en la mirada de cada historia de «Más allá de la vida». Bayona comprime todas esas sensaciones en el plano monstruosamente excepcional de «Lo imposible»: la cámara, desde una perspectiva cenital, muestra a la protagonista emergiendo de la ola, aferrada a un tronco y perdida en la inmensidad de lo inexplicable.

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