Emily Brontë vuelve a estar en el foco gracias a la nueva adaptación de Cumbres Borrascosas, dirigida por Emerald Fennell.
«Cumbres Borrascosas» consiguió un 504% más de ventas desde el anuncio de la nueva versión protagonizada por Margot Robbie y Jacob Elordi, dirigida por Emerald Fennell, que ha generado controversia al plantearse como una versión libre. Cada vez que un director propone su visión de un libro o historia real, entra en competencia directa con los lectores que han imaginado a los personajes y la trama.
Cathy se debate entre dos mundos: el de Edgar Linton, que representa el ascenso social, y el de Heathcliff, el huérfano de origen incierto con quien creció y que, según sus propias palabras, la degradaría si se casara con él.
A partir de la propuesta de matrimonio de Linton, se repite una escena en todas las adaptaciones y aparece una figura clave: Nelly, narradora en el texto original, cuyo rol cambia según la película, puede ser cómplice, testigo incómodo o una figura con intereses propios. Heathcliff también cambia en la pantalla con su presencia, su edad o el lugar que ocupa al conocer la noticia modifican la escena, pero en todos los casos la escucha incompleta vuelve imposible ese amor.
¿Puedes guardar un secreto?
En la versión de William Wyler de 1939, el clima es tenso desde el inicio. Heathcliff se esconde detrás de la puerta de la cocina y le pide a Nelly que no revele su presencia. Cuando Cathy entra, lo hace con urgencia y formula la pregunta que da forma a la escena: ¿puedes guardar un secreto? Edgar Linton le ha pedido matrimonio y le responderá al día siguiente.
¿Amás al señor Linton? ¿Por qué? ¿De qué manera? ¿Qué lugar ocupa Heathcliff? le pregunta Nelly. Cathy está entusiasmada y contesta que Linton es guapo, agradable, será rico y podrá convertirse en la dama más distinguida del lugar. En cambio, cuando piensa en Heathcliff, todo se vuelve negativo: casarse con él implicaría rebajarse. Esa frase, escuchada a escondidas, provoca la ruptura.
En su reflexión compara la unión con Linton con el cielo y entiende que ese destino no le pertenece. Prefiere la tierra. Reconoce que no puede escapar de lo que siente y que él es más ella que ella misma. «Yo soy Heathcliff». Pero ya es tarde. La huida a caballo y la tormenta sellan la escena.
¿Crees que escuchó?
En la versión de 1992, dirigida por Peter Kosminsky, el clima cambia hacia el suspenso. Heathcliff se oculta mientras la tormenta golpea con fuerza y Nelly sostiene a un bebé cuando escucha a Cathy, que entra con nerviosismo y también pide guardar el secreto. La noticia aparece entre pausas y, en este caso, ya ha aceptado la propuesta, mientras la inseguridad se expresa en una risa constante y las preguntas vuelven para ordenar lo que ocurre.
Nelly instala la duda cuando le pregunta dónde está el obstáculo y Cathy responde que en su corazón y en su alma, y que si su hermano no hubiese maltratado tanto a Heathcliff, no habría dudas sobre con quién casarse. La frase de «me degradaría» vuelve a aparecer y para ese momento él ya está escapando de la situación.
Esta versión recupera la comparación del texto original: un amor que cambia como las hojas y otro que permanece como las rocas. El «yo soy Heathcliff» afirma un vínculo que supera las clases sociales.
Si estuviera en el cielo, Nelly, me sentiría muy miserable
En la versión de Emerald Fennell de 2026, la escena se presenta desde la resignación. Cathy está en el suelo llorando cuando Nelly entra en escena y afirma que sería miserable en el cielo porque extrañaría su casa. La respuesta es dura: no sería digna del paraíso.
Aquí no hay hermano ni bebé, la situación es más precaria y la casa está más deteriorada, por lo que la aceptación del matrimonio se percibe más urgente, casi obligada. Las preguntas reaparecen, pero el vínculo con Nelly es distante, sin cercanía ni complicidad.
Nelly, que sabe que Heathcliff está escuchando decide no intervenir, y orientar la elección hacia Linton porque esa decisión también mejora su propia vida. El desenlace no cambia: él se va a caballo y ella lo sabrá al día siguiente. Todo sucede desde un lugar más áspero y derrotado.
Las tres escenas marcan un punto de quiebre en la relación de los amantes y en el triángulo amoroso, y es en la posición de los personajes, la música, el tono y las reacciones donde se construyen las diferencias. Siempre hay drama, pero la ausencia de complicidad en la última vuelve todo más desdichado. Como plantea Roland Barthes, el autor muere en la lectura o en la interpretación: eso es lo que ocurre con las palabras de Emily Brontë al pasar al cine, donde se transforman, se desplazan y se discuten, pero la declaración permanece.