“Dios y el diablo en la tierra del sol” («Deus e o diablo na terra do sol», 1964) es la obra más famosa de Glauber Rocha y del movimiento conocido como “Cinema Novo”, surgido a finales de los 50′ y que se extendió durante toda la década siguiente. Tuvo tres etapas bien marcadas, el cierre de la primera parte está marcado por esta película de Rocha.

Muchos coinciden en hacer un paralelismo entre el western y el «Cinema Novo» a partir de cómo se pretende reconstruir la historia del avance de la civilización de los países en la mitad del Siglo XIX en adelante. Si bien hay un punto en común, lo cierto es que no es más que una primera mirada superficial, en el caso del «Cinema Novo» la particularidad residió en la radiografía sobre los cangaço o “cangaceiros”, bandidos rurales que entre 1840 y 1930 habitaban el nordeste brasilero, donde cometían atracos a haciendas como así también en el medio de los caminos de los áridos suelos de las regiones del noreste de Bahía, el oeste de Pernambuco, Río Grande del Norte, Paraíba y el sur de Ceará y Piauí (todo este territorio es conocido como la zona de sertáo).

Las escasas fuentes de agua natural y de verdes prados propiciaban el dominio de estas bandas organizadas, que al poco tiempo se convirtieron en un conflicto serio para la región y, paulatinamente, para el país. La problemática de los “cangaceiros” se complejizó cuando muchos de los campesinos comenzaron a apoyar sus acciones, en especial por tratarse de robos y asaltos a grandes terratenientes explotadores de tierras, quienes tenían poco afecto a dar mínimas condiciones de trabajo, por no decir que apoyaban la esclavitud en todas sus formas. Glauber Rocha reconoció -para alejarlo aún más al movimiento del western- que la mayor influencia provino del neorrealismo Italiano, en parte por las coincidencias formales de utilizar la cámara en mano, escenarios naturales y sonido directo.

Glauber Rocha, al igual que muchos de los grandes autores preocupados por la historia de su país, buscó representar la violencia con la que la “parte blanca” de su país se erigió como consecuencia de las matanzas de los pueblos originarios y la esclavitud más cruel. La lucha de su cine también buscaba desterrar, al mismo tiempo, el pintoresquismo autóctono que las películas del 40′ y del 50′ recubrían las historias de un Brasil subsumido en la pobreza y en la hegemonía de los ricos.

En “Dios y el diablo…” se cuenta la historia de Manuel, un campesino sometido por su patrón, con quien tiene una fuerte discusión que acaba con la muerte de este último. Manuel escapa con su mujer, Rosa, y ambos se unen al beato Sebastiao y al poco tiempo nuevamente se presenta la violencia, que los obliga a continuar la huida. La figura de los “cangaceiros” aparece en la persona de Corisco (el único personaje comprobado que existió en la vida real), en él confluyen no solo el bandolerismo sino también el misticismo que contornea a esas tierras y la lucha de clases siempre en crisis. Hay en la película una crítica sobre los “cangaceiros”, con los cuales Rocha coincide en muchas cuestiones pero no deja de hacer mella en sus miserias, por supuesto, sin ubicarlos a la altura de los terratenientes: villanos absolutos de la historia.

«Dios y el diablo…» es de esas películas que articula a la perfección la representación de una época y la estética de una violencia particular, alejada del western en la sustancia de sus peripecias, situaciones y acontecimientos. No es casual que el correlato político y social de Brasil, al momento del surgimiento del «Cinema Novo», se presentaran los resquebrajamientos de un país que sufrió una dictadura sangrienta durante más de dos décadas. De tal manera es que el movimiento cinematográfico sufrió mutaciones, porque cada una de las etapas estuvo empapada por la urgencia política del país.

«Dios y el diablo en la tierra del sol» puede verse en la plataforma Qubit.