La deuda externa en Argentina comenzó en el año 1824 con Bernardino Rivadavia como asesor para solicitar el préstamo. Un agente inglés, llamado Guillermo Pares Robers, ofreció un “negocio” al Gobierno de la Provincia de Buenos Aires y se contrató un empréstito con la casa Baring Brothers de Londres, con el fin de crear un banco, instaurar pueblos en la frontera con el indio, realizar una red de agua y un puerto.

Buenos Aires asumió una deuda de un millón de libras, de las cuales solo 570 mil llegaron a destino, debido a gastos de emisión, comisiones y cuotas adelantadas. En su mayoría, estas eran letras de cambio en casas comerciales británicas y una parte menor en contenido metálico. La garantía que ofreció Buenos Aires eran las tierras públicas de la provincia, que fueron hipotecadas por la suma total del préstamo y sus intereses correspondientes del seis por ciento anual.

El contrato se gestó entre las siguientes personas: Braulio Costa, Félix Castro, Miguel Riglos, Juan Pablo Sáenz Valiente y los hermanos Parish Robertson, quienes obtuvieron 120.000 libras del monto total y, además, fueron giradas parte de las letras de cambio a la casa comercial de Robertson y Costa. Baring Brothers obtuvo, así, 30.000 libras de comisión.

Finalmente, el crédito no fue utilizado con los objetivos antes mencionados, sino que se utilizó en la guerra con Brasil, en 1826, por el territorio del actual país uruguayo.

Esta deuda adquirida en 1824 se terminó de pagar en el año 1904 con un importe ocho veces mayor al préstamo adquirido. Así comenzó a utilizarse un recurso económico nacional para el beneficio de pocos y sin poder cumplir con los fines para los cuales fue adquirida la deuda.

Actualmente está en discusión la adquisición de deuda externa así como su solvencia, por eso es de vital importancia tener en cuenta los resultados y el panorama que dejaron las primeras, para formar una opinión.

Nota elaborada especialmente para puntocero por Lucía Linardi.