Conversamos con Pablo Fracchia, trabajador social, quien formó una familia monoparental junto a Mía.

Pablo nos relata cómo fue el proceso de tomar la decisión y atravesar la adopción para llegar a encontrarse con su hija.

Al introducirnos en esta historia y en cómo surgió la decisión de adoptar, Pablo nos cuenta que «fue una decisión muy pensada, la idea de ser papá siempre estuvo muy presente en distintos momentos de la vida con mayor fuerza y en otros con menor fuerza. Siempre me imaginaba siendo papá, desde chiquito. Romper el mandato de primero la pareja y luego los hijos, fue un trabajo interno fuerte, que en el día de hoy lo sigo trabajando», menciona Fracchia, quien comenta que, además, es importante romper con la idealización del hijo perfecto: “Lo planteo en aquellas personas que buscan como vía la adopción, por los caminos que me tocó transitar y por la profesión, uno ve que quieren que venga un hijo como medio Mirko (un pibe sin problemas, lo más rubio posible, lo más bebé posible), y un poco lo que sucede en el sistema de adopción es que eso no pasa y lo que tenemos que aprender es que cuando, por ejemplo uno tiene un hijo biológico la historia de nuestros hijos arranca cuando nacen y con nosotros, y en el caso de una adopción, nuestros hijos vienen con su propia ‘mochila’ y la idea es cómo integramos eso con nuestra vida, para alivianar esa ‘mochila’ que traen pesada, ahí hay un camino que no es todo ideal”.

En relación a cómo fue el proceso de la adopción, Pablo menciona que duró muy poco: “Me anoté en 2017, empecé a averiguar en el Juzgado de Familia que me tocaba en la provincia de Buenos Aires. Fui al juzgado y averigüé, me tocó una trabajadora social divina y decidí avanzar. Tardé dos meses en completar un formulario online que te piden, y lo llenaba y no me animaba y así, hasta que el deseo le ganó al miedo e hice clic y lo envié. Lo que seguía a ese clic era llevar la hoja impresa al Juzgado de Familia para que se abra el expediente, lo llevé y volví llorando, porque era algo que estaba cristalizado en el plano imaginario, y me acuerdo del sello de Mesa de Entrada y era como ‘te acabás de tirar a esta pileta y ya no hay punto de retorno’”, relata el trabajador social y comenta que ese día posteó en Facebook: “Algún día te contaré cómo empezó esta historia”, y agrega que “la entrevista fue con varios profesionales y yo partí con el prejuicio, conocía el caso de varios compañeros y compañeras gays que la habían pasado muy mal en los juzgados, el problema que queda a criterio del Juez es que por más que reciba los informes favorables, si es homofóbico se complica, pero además mis prejuicios eran porque era un varón, después porque era un varón gay y soltero. Hay tantas familias ideales antes que la mía que probablemente sea más práctico para un juez darle un pibe a una familia tradicional que a mí”, señala que lo que a él le ocurrió no suele ser la generalidad, ya que el Poder Judicial sigue siendo machista, patriarcal y homofóbico.

A la hora de explicar cómo fue el enterarse de haber sido elegido para ser el padre de Mía, Pablo nos transmite lo siguiente: “Recibí un llamado cuando me encontraba en el trabajo, era la secretaria del Juzgado de Familia, me dijo que había salido una sentencia de adoptabilidad de una nena, ‘tiramos un listado de los funcionamientos que se necesitaban y vos aparecés en el listado y nos gustaría entrevistarte’, además entrevistaron a otras cuatro familias. Tenía mucho miedo de ir solo, le dije a mi madre que me acompañe, la entrevista fue con todo el equipo. Allí me contaron que había una niña de un año y diez meses que estaba en un hospital con una condición médica que estaba ya abandonando, me consultaron si estaba dispuesto a aceptar una potencial hija con esa dolencia médica, a lo cual les dije que sí y me dijeron que era el último que entrevistamos. Salí muy emocionado y me estaba esperando mi mamá, fuimos a almorzar, llovía mucho y habremos ido a 15 cuadras de donde estábamos, pasaron diez minutos, estábamos por comer y sonó el teléfono. Era del juzgado, pensé que me había olvidado un papel y me dijo ‘soy la secretaria del juzgado y quiero preguntarte si todavía seguís con tu mamá’, le dije que sí, que estábamos almorzando, y me transmitió que se querían asegurar de que no reciba la noticia solo: ‘Queríamos contarte que te elegimos para que seas el papá de Mía’ me dijeron. Fue todo muy emocionante, lo comparo como cuando a una pareja le dan las dos líneas del test de embarazo, es como un salto al vacío en el que no podés tirarte para atrás, la vida te cambia a partir de ese momento, todo esto sin foto, me enteré que iba a ser padre de una chica de la que no le conocía la cara, porque no estaban las mismas en el expediente”.

Finalmente, Pablo nos relata cómo fue conocer a Mía: “Al otro día fui, le pedí a mi hermana que me acompañara, estaba en un hospital hogar, los primeros encuentros no fueron en los que yo estaba más suelto, porque estaba atento de lo que podía pasar a mi alrededor, de hecho, el primer encuentro fue en un espacio similar al dispositivo de Cámara Gesell. Ella me vio, se acercó y me la dieron, se acurrucó en mí y nos quedamos así como un minuto y medio y se bajó, empezó a jugar, y al ratito me empezó a llamar para que me sume al juego y ahí empezamos”, describe Fracchia, quien agrega: “Es todo gradual, primero te la dejan sacar, luego a una plaza, después unos días a tu casa, fui todos los días a La Plata para que el proceso sea más rápido porque había que sacarla del hospital, las vueltas eran muy difíciles, luego de estar jugando en lo que iba a ser su pieza la tenía que devolver a la cuna del hospital. Hablé con el equipo y ellos con el juzgado, y así habilitaron el egreso para no volver más al hospital, salvo a los dos días para que le hagan una despedida», enfatiza Pablo, quien cierra la conversación con que “nosotros somos una familia muy tana, y uno de esos domingos antes de decidir de hacer clic en ese formulario, aproveché que estaban todos: mis abuelos, mis tías, mis viejos y les dije ‘creo que quiero adoptar solo, pero si no es con ustedes creo que no lo voy a poder hacer, siento que me digan que está bien y que puedo contar con ustedes’ y, obviamente, todos me dijeron que sí y ahí avancé”.

Artículo elaborado especialmente para puntocero por Fernando Otondo.