Hay pruebas de vida que nos alientan y muestran que para lograr un determinado objetivo tenemos que sobreponernos a los obstáculos, a los miedos, a las propias funciones negativas y a las circunstancias más adversas y, pese a todo, avanzar con confianza nacida desde un manantial de fe. Parece fácil desde la palabra, pero el desafío más grande radica en la acción, en poder sostener esta determinación.
Cuando uno establece una meta el período de tiempo para concretarla varía. Podemos tardar días, meses, años y este lapso está atravesado por un sinfín de factores: pueden aparecer dudas, cansancio, incertidumbre, enojo y hasta ganas de abandonar todo. Pero estos sentimientos no nos deben desalentar sino, por el contrario, deben fortalecernos, ser un pilar, punto de partida y apoyo porque al cultivar nuestro interior vamos abriendo el corazón… del microcosmos al macrocosmos, generando un potencial ilimitado y nuevas posibilidades de desarrollo personal, incluso algunas impensadas hasta ese momento. Es hacer del sufrimiento un motivo de felicidad. Como enseña el budismo: «convertir el veneno en medicina», que significa transformar las situaciones negativas en positivas.
Lo que importa es la actitud tomada para transitar este aprendizaje y escalar la montaña más alta, donde los vientos soplan fuerte y las pruebas hasta llegar a la cima son muchas y diversas. Asimismo, el resultado final va a depender de uno, no del entorno ni de las circunstancias. Lo importante es tratar de descartar la ilusión y lo transitorio para que se manifieste lo verdadero, podamos visualizar el horizonte y profundicemos en nuestra labor de darle misión a nuestra existencia.

El ejemplo de Leo

El Oscar que obtuvo el actor Leonardo DiCaprio, luego de varios intentos, memes y bromas, es un maravilloso ejemplo de prueba real y logro de lo deseado. Simplemente, llegamos a la conclusión de que no se quedó con ese sentimiento amargo propio de la derrota en las nominaciones anteriores, las críticas y burlas que surgieron sino, por el contrario, continuó puliéndose como ser humano, apostó a seguir creciendo como actor y se superó aún más en cada película en la que participó. El tiempo hace que, como un robusto roble, fortalezcamos nuestras raíces para no ser derribados y esto implica que trabajemos con respeto y compromiso sobre nuestra sólida identidad… el interior que nos sostiene.
Existe una relación de inseparabilidad entre sujeto y ambiente en la cual todos somos parte de un mismo universo y las acciones que llevemos adelante repercutirán en nuestro entorno. Por eso la importancia de cultivar y expandir nuestra sabiduría interior y profundo amor compasivo hacia el resto de los seres. En su discurso de agradecimiento al recibir la estatuilla tan postergada y esperada, DiCaprio manifestó su postura solidaria frente al cambio climático. «The Revenant (‘El renacido’) es una película acerca de la relación del hombre y la naturaleza, y 2015 fue el año más caluroso de la historia. El cambio climático es real, está ocurriendo en estos momentos y es la amenaza más urgente a la que nos tenemos que enfrentar; tenemos que trabajar juntos para evitarlo. Debemos hacer frente a las grandes corporaciones en el nombre de todos los indígenas del mundo, de las personas sin recursos, por nuestros nietos. Gracias a todos ustedes por este maravilloso premio esta noche», concluyó el artista.
El premio obtenido va más allá de ser el «mejor actor», supera hasta su propio significado porque implica un gran recorrido y fortaleza espiritual, es la punta del iceberg. Finalmente, y al hacer referencia al nombre del film que lo llevó a ganar el Oscar, esto representa el renacer junto al sol de cada mañana, llenos de esperanza, alegría, optimismo y paz, convirtiendo todas las desdichas y lo que parecía algo imposible en posible y, sin duda alguna, obtener el mayor de los premios: triunfar sobre sí mismo.