México dio esta semana pasos extraordinarios en cuanto a la despenalización del aborto, a pesar de que su sociedad es extremadamente católica y la Iglesia conserva aún un rol político muy importante.

Todo esto, por supuesto, es posible gracias a las movilizaciones feministas y la aparición de mujeres en cargos políticos. Se debe a un camino que recorren las mujeres mediante la militancia, colocando junto con Argentina, Uruguay y Cuba, a América Latina en la vanguardia de las políticas públicas de salud y género.

La lucha continua en México, pero de a poco y con fuerza se logró este jueves que en cuatro Estados (la capital, Oaxaca, Veracruz e Hidalgo) se permita la interrupción voluntaria del embarazo hasta la semana 12 en todos los casos. Por otra parte, en los 28 Estados restantes sigue penalizada con algunas excepciones.

Ahora bien, Veracruz legalizó el aborto a principios de este año y fue restringido cuando una mujer fue acusada del crimen.

Si bien el fallo unánime este martes por parte de la Suprema Corte no anuló esas prohibiciones, sentó un precedente vinculante para que los jueces no puedan condenar a personas a la cárcel por tener abortos ilegales o ayudar en ellos. Ahora todas las mujeres saben que si deciden abortar no serán criminalizadas, no serán perseguidas.

En cuanto a mi opinión personal, las mujeres mexicanas deben continuar, porque el aborto clandestino seguirá existiendo en esos 28 Estados a pesar de que no sea condenable, y eso llevará a la muerte de muchas compañeras, hermanas, amigas, mujeres sobre todas las cosas, que tienen que tener derecho sobre sus cuerpos y, por supuesto, un Estado que lo ampare.

La lucha continua, sigamos rompiendo la sociedad machista que nos rodea.

Artículo elaborado especialmente para puntocero por Delfina Villarreal.