Los problemas actuales suelen merodear en forma de productos ubicados en una góndola, al servicio y necesidad de productores, guionistas y directores dispuestos a reconvertirlos en una historia potable. Alex Garland -de oficio guionista en sus inicios- adosó la dirección hace apenas unos años. En esta nueva faceta, su orientación hacia el rol de la mujer en la actualidad más urgente sembrado en un universo de ciencia ficción es el que más se percibe.

Desde el minimalismo de “Ex Machina” -con el concepto de la construcción de una mujer sintética- y posteriormente en “Aniquilación” -en el rol colectivo de un grupo de investigadoras-, Garland se mostraba interesado por los comportamientos de sus protagonistas en un mundo minado por obstáculos generados por hombres.

“Men” es el despojo absoluto de la sutileza, en principio, desde el título y el póster. Tal idea se potencia al conocer la sinopsis de una joven (Jessie Buckley) decidida a pasar un par de semanas en un pequeño pueblo de la campiña inglesa. Allí alquila una gran casa antigua, cuyo dueño tiene una corporalidad y maneras “demasiado amables” para tratarla, pero sin dejar entrever un trato cuestionable. Como en gran parte de estas premisas, la protagonista escapa de un tormento, aquí es el reciente suicidio de su marido. Como aquel que no puede guardarse más de diez minutos un secreto que le acaban de contar, Garland desempolva raudamente el envoltorio de ese pasado y, además, pone en relieve los nuevos peligros posibles para ella.

El terror de una chica sola en un pueblo se trató en muchas oportunidades, la sorpresa de la novedad es el cómo se tratan estos temas ya trillados. Lo que saca de la galera el director es que todos los personajes masculinos (a excepción del marido, quien aparece en flashbacks) están interpretados por Rory Kinnear. Algunos tienen un efecto generado por computadora y otros, simplemente, lucen disfraces, prótesis y pelucas. Este concepto que seguro le pareció una genialidad al guionista de “La playa” (2000), resulta ser un subrayado pasmoso sobre la idea de “todos los hombres son iguales” y, para que a nadie se le olvide, está todo el tiempo presente. Tampoco hay mucha resistencia a los estereotipos, porque entre la cartera de personajes pueblerinos hay: un sátiro que aparece desnudo, un adolescente lascivo, un cura moralista, un policía burócrata y el personaje secundario principal, el antes mencionado arrendador de casas de una buena onda excesiva.

Ni terror, ni thriller, ni drama de duelo. “Men” es un collage: en la primera mitad el terror latente de acechadores se presenta en un tono de miedo con una cocción de fuego lento y hacia la segunda mitad la carta que se juega es la de una “Aronofskyzación” al mejor estilo “Madre” (2017), para alegorizar y dejar asentada una moraleja sobre el padecimiento masculino que sufren las mujeres contada por un… hombre.

Es tanto el glitter que Garland se tira en el rostro, que no le deja ver la construcción de su protagonista. Ella solo sufre y resiste ante la violencia, de esta manera, solo la convierte en una víctima únicamente capaz de devolver un comentario desubicado o una trompada. Jessie Buckley tampoco colabora en sumarle a su corpus de películas otro papel de mujer conflictuada, afligida y sufriente que repite últimamente, basta recordar el estreno de principios de año, “La hija oscura”, de Maggie Gyllenhaal.

La mirada sobre la sociedad patriarcal que pretende elaborar Garland es de un manual, pero de una maquinaria pesada sin la competencia de maniobrar los lugares comunes y, para peor, las escenificaciones de un género que están en plano solo para reforzar más la idea inicial. “Men” es de los esfuerzos más patéticos de retratar la actualidad jamás visto en décadas, deja a productos como “Hermosa venganza” en el cuadro de honor del ingenio narrativo.

«Men» de Alex Garland cuenta con las actuaciones de Jessie Buckley, Rory Kinnear y Paapa Essiedu.

Un comentario de “Más glitter que ideas

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