En el mes de junio se sometió a una cirugía cardíaca en la que le realizaron cuatro by pass, pero la emoción y el deseo de volver a tocar, hicieron que Rodolfo Mederos se recupere rápidamente. Luego de dos meses y medio de ser operado, realizó seis conciertos en el Centro Cultural Torcuato Tasso, ubicado en la calle Defensa 1575, en el mítico barrio de San Telmo. Durante estos tres fines de semana consecutivos de septiembre, 220 espectadores colmaron la sala en cada show. En sus presentaciones, también contó con la participación especial de Lidia Borda y Ariel Ardit, dos grandes intérpretes del tango canción en la actualidad.
Hago un paréntesis para contarte que en la última de las fechas (el 22 de septiembre), antes de que Mederos comience su concierto, se presentaron otros músicos: se trata del talentoso contrabajista Sergio Rivas y su conjunto, compuesto por Rodolfo Roballos y Fernando Taborda en los bandoneones, Armando De la Vega en guitarra y Ramiro Roballos en piano; de los excelentes músicos mencionados, solo este último no integra la orquesta actual de Mederos. En esta ocasión, Rivas –quien además es primer contrabajo de la Orquesta Nacional Juan de Dios Filiberto- presentó su última producción: «Pa’ que trabaje el grandote», un nuevo CD en el cual recopila obras escritas para contrabajo, instrumento que, según explicó el propio Rivas, comienza a aparecer en las orquestas de tango a partir de 1916. A pesar de que solo tocó cuatro tangos con su agrupación, fue suficiente para advertir que los presentes estaban más que a gusto y disfrutando el momento a pleno.

Al término de Rivas, llegó el momento para que Mederos haga su aparición: apenas subió al escenario, la sala estalló en aplausos. Conmovido ante el caluroso recibimiento de su público, el maestro confesó “esta noche para mí es una fiesta y espero que para ustedes también lo sea”. Cuando todo se calmó, en su bandoneón comenzó a sonar “El Caburé”, lo acompañaron Rivas en contrabajo y De la Vega en guitarra.
Mederos fue alternando conocidos tangos con instructivos comentarios a lo largo de su show. Así lo hizo cuando comenzó a hablar del papel que ocupa el “arreglador” en la música popular: comentó que fue músico y arreglador de Osvaldo Pugliese entre 1969 y 1974, y agregó “yo escribía (los arreglos musicales) y él borraba”; aclaró que con Pugliese pudo aprender a apreciar la música en su estado natural, porque “a veces, la música (después del “arreglo”) queda como los pacientes, en estado de coma”.
Luego de tocar con la formación de trío, dio paso a la orquesta típica, en la cual lo acompañaron doce excelentes músicos: tres bandoneones -aparte del de Mederos- Rodolfo Roballos, Fernando Taborda, Javier Sánchez, cuatro violines ejecutados por Luis Sava, Eleonora Votti, Cecilia García y Nicolás Tabbush, una viola a cargo de Rubén Jurado, en violoncello Fernando Diéguez, el piano de la mano de Ariel Azcárate y sus dos compañeros del trío, Armando De la Vega en guitarra y Sergio Rivas en contrabajo.
En cada ejecución, Mederos abrió tanto su corazón al público que, refiriéndose a sus comienzos con la música, llegó a confesar “en aquella época yo aprendía de manera salvaje, de oído, después tuve que estudiarla y después de estudiarla hay que olvidarse de todo”. A continuación tocó “Merceditas” y “Romance de Barrio”, y fue nuevamente ovacionado por los presentes.
Continuó las interpretaciones con la orquesta completa y tocó “La alegría de encontrarte” un tango de su autoría dedicado a su mujer, le siguieron éxitos como “El abrojito”, “Tal vez será su voz”, “Come il faut”, “Rodríguez Peña”, “Cuando llora la milonga”, “Silbando”, “La luz de un fósforo” y “Milonga de mis amores”, entre otros.

Euge Ali junto al músico Rodolfo Mederos.


En las ejecuciones de la orquesta típica, se pudo disfrutar la melodía en su estado de pureza, sin abuso de arreglos musicales -tal como lo prefiere Mederos- y con marcado acento pugliesiano. Luego de cada interpretación, los aplausos iban creciendo y la gente intuía que la presentación estaba llegando a su fin. Para culminar, Mederos eligió “La yumba”, el tango que compuso Pugliese en 1946 y que fue característico de su orquesta desde aquel entonces. Como es de suponer, Mederos y compañía realizaron una interpretación increíble de este himno del dos por cuatro.
Para los que asistimos en esta oportunidad, fue una noche memorable, pero si no te enteraste a tiempo, no pudiste ir a verlo o te quedaste con las ganas de escuchar más, te comento que el viernes 16 y sábado 17 de noviembre, Mederos vuelve al Tasso con la formación de trío. Después no digas que no te avisé…