La semana pasada, en la Ciudad de Buenos Aires se anunció a través de las redes oficiales del Gobierno porteño un nuevo Protocolo de Actuación para la industria musical, que atraviesa una profunda crisis desde el comienzo de la cuarentena obligatoria. El mismo, elaborado en conjunto entre autoridades del Ministerio de Cultura y Referentes de la Asociación Civil de Managers Musicales de Argentina (ACMMA), presenta una serie de normas y requisitos para realizar recitales en vivo, sin públicos y vía streaming, monetizado para los artistas mediante un cobro de entradas y/o donaciones de parte de los espectadores virtuales.

El protocolo presentó diversas opiniones en el ambiente musical de la Ciudad, ya que en un principio no fueron atendidos los intereses de los espacios culturales independientes y barriales, locaciones que fueron, son y seguirán siendo de vital importancia para artistas emergentes que concurrían, hasta que comenzó la cuarentena, a dichos espacios para compartir su arte y dar, porque lo son en muchos casos, los primeros pasos de sus carreras artísticas.

La realidad que nos lleva hoy a tres meses desde el receso de la actividad musical, coloca a los centros culturales independientes de la Ciudad de Buenos Aires en una situación critica y de urgente solución. Muchos de ellos, se abocaron al delivery de comida o bebidas y aperitivos para poder pagar el alquiler del espacio y, aún así, encontrarse con deudas millonarias, con peligro de no abrir sus puertas o, lamentablemente, algunos ya definitivamente cerrados.

Entre uno de estos se halla el caso de Hugo Szmoisz, socio fundador de El Emergente, ubicado en el barrio porteño de Almagro, quien en una entrevista con Nada Salvaje declaró lo siguiente: “La vía del streaming no es una solución, si bien la celebramos porque es una medida que nos acerca la posibilidad de poder volver a trabajar, es muy complejo. Las bandas que tocan en nuestro espacio son emergentes y muchas veces cortan muy pocos tickets. Cumplir con el protocolo es muy costoso, desde los materiales y el personal mínimo que se entiende que hay que resguardar a as personas, pero no deja de ser un limitante”.

La implementación del protocolo plasma las normas de distanciamiento social, una estricta limpieza y desinfección de todos los equipos desde ambiles, micrófonos para cantantes, cuidados especiales para instrumentos de vientos y hasta los que le pertenecen a cada artista. Asimismo, se establece que debe estar el personal necesario y mínimo para la realización de un show que saldrá por internet y, como dato que despierta el debate, dicha actividad estará habilitada en una franja horaria de 21 a 5 horas. Los artistas que quieran realizarlo deberán completar una declaración jurada cinco días hábiles al siguiente mail: ddjjstreaming@buenosaires.gob.ar y enviar un formulario que deben descargar desde la página del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Mariano Romano, productor musical y dueño de Macromusica, y guitarrista de The End entre otros tantos proyectos, es docente y comparte su visión: “Estuve viendo los protocolos y se habilitan para diferentes actividades dentro de lo que es la música, creo que los ganadores en cierta medida son las salas de ensayo, que son tan importantes. Se puede volver siempre que se cumpla con las normas de higiene, tapabocas, lavarse las manos con continuidad. En cuanto a los lugares, no sé si a un lugar grande le sirva, veo difícil que pueda cubrir los costos. En cuanto el horario de 9 de la noche a 5 de la mañana, para los shows es entendible y para quienes trabajan durante el día es accesible. Son entendibles las medidas porque estamos en una crisis sanitaria que es muy complejo de resolver. Los ingresos para los dueños de lugares del vivo van a ser difíciles. Para el vivo, una banda que pueda hacer un streaming de calidad, con buena imagen y sonido, va a tener que hacer una inversión para llevarlo a cabo. Habrá que adecuarse”.

Resulta difícil, frío y hasta insensible imaginar la música sin el vivo, sin el recital, sin ver a la gente que te banca desde chico, sin el calor del público argentino… quizás hasta dejaría de llamarse música un ambiente cultural sin las bases del movimiento emergente independiente. ¿Vamos camino a la privatización de la cultura?