Este viernes en el Noticero dialogamos con Daniel Jones, integrante del Instituto de Masculinidades y Cambio Social, acerca de las actividades que realizan y los cambios de paradigma y conducta de los varones, además de compartir información sobre la Campaña Paternar que llevan adelante.

«El instituto es una organización no gubernamental que tiene poco más de tres años, con lo cual llevamos adelante una agenda de colaboración con otras organizaciones sociales, organismos internacionales y agencias del Estado a nivel nacional, provincial y municipal sobre el trabajo con varones y la agenda de masculinidades. En Argentina esto tiene varios ejes, uno de los más conocidos es el de la violencia de género, sobre todo a partir de la irrupción en 2015 del movimiento Ni Una Menos. Entonces, muchas de esas iniciativas, por ejemplo trabajo en las cárceles, trabajo en las escuelas de formación con adolescentes, acompañamiento y relevamiento de los dispositivos terapéuticos para varones que ejercieron violencia de género, el instituto participa sobre todo dando capacitaciones o preparando materiales para la implementación de estas políticas públicas. Articulamos con el Ministerio de Nación de Mujeres, Género y Diversidades, también con el de la provincia de Buenos Aires y con muchos municipios que ya están teniendo iniciativas en las políticas de género destinadas a varones», detalla Daniel.

Al respecto de la recepción de estas actividades en los hombres, el activista relata que «en líneas generales, este es un buen momento para el trabajo con varones y agenda. Tenés distintas líneas, una es la que tiene que ver con Educación Sexual Integral (ESI) con varones que está más destinada a adolescentes aunque la ESI podría ser a lo largo de toda la vida y, de hecho, así debería ser. Pero bueno, ahí hay una muy buena recepción porque muchas veces la ESI no nos tenía a los varones como principales destinatarios. A excepción del uso de preservativo o alguna cosa muy puntual no había una ESI pensada sobre los problemas, discusiones, por ejemplo los escraches o cómo acercarnos a las mujeres en el caso de ser heterosexuales, es decir, una ESI que sea sensible a estas inquietudes alrededor de los varones, miedos y temores, suele ser muy bien recibida. La otra tiene que ver con las políticas integrales de cuidado, como se sabe los varones recurrimos mucho menos al sistema de salud que las mujeres y eso nos trae un montón de complicaciones, entonces, cuando se intentan promover esos acercamientos al sistema de salud por lo general son bien recibidos. El último punto tiene que ver con violencias machistas, que tienen distinto grado: pueden ser desde expresiones homofóbicas o misóginas hasta el ejercicio de alguna forma de violencia simbólica, psicológica, física o económica. Es una cuestión más incómoda, hay una percepción de que si uno se es el prototipo del varón violento no tiene nada que ver uno con la violencia».

Finalmente, Daniel Jones profundiza y relata que «el grueso de los varones al no cumplir con el estereotipo que llega a la casa y le pega a su pareja parece que no ejerciera ningún tipo de violencia. En los últimos esto cambió, hay una percepción más sensible hacia formas más sutiles de violencia pero no por ello menos efectivas, y en estos casos yo no diría que hay resistencia pero sí se producen tensiones, preguntas o cuestionamientos que son totalmente válidos porque los procesos de cambio personal necesariamente van acompañados de incomodidades. Nadie quiere renuncias a los privilegios que detenta, gratuitamente. confrontarse con los privilegios también es una experiencia movilizadora que a veces genera incomodidades, resistencias, pero ningunas son insalvables».

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