Los festivales siempre presentan títulos con los que podemos sentirnos defraudados o que se ubican en las antípodas de nuestros gustos, sin embargo, existe una convención de factura cinematográfica establecida que es -y debe- ser tácita para participar dentro de uno internacional, ni hablar de uno que tiene la etiqueta de «Clase A». El debut de Agustín Pallares Yoffe es «No preguntes» y es, también al mismo tiempo, una posible respuesta ante ¿cómo es que un audiovisual de esta calaña llega a ser parte de una competencia?
Una joven sin rumbo en la vida está obligada a conseguir trabajo para ayudar en su casa, donde viven su hermana enferma de cáncer terminal (¡!) y su padre, recientemente desocupado. Ella saca provecho de una confusión para presentarse a una entrevista donde la contratan inmediatamente, sin que entienda demasiado (ni poco) cuál es el desempeño que debe cumplir. La oficina es como un call center de 2003 (sin que necesariamente sea de ese año o de época), todos tienen enfrente un monitor de tubo y un montón de carpetas de cartulina con papeles viejos. Nadie la ayuda a comprender dónde está, qué hace esa empresa ni mucho menos indicarle cuestiones laborales mínimas. La camaradería no existe, todo lo contrario, porque además hay personajes que le presentan obstáculos de manera maliciosa.
Podría pensarse que la sinopsis remite a un relato de tiempo y espacio burocráticos o de una especie de ucronía, pues no. Todo falla, desde los diálogos más mundanos hasta las acciones decisivas de la protagonista. Ni hablar de las decisiones en las que se le pide al espectador que haga una suspensión de la incredulidad magnánima, por ejemplo, lo citado con su hermana enferma, quien solo aparece con un suero «conectado» y un aura de persona hiper sana, sin ningún rastro ni síntoma que la aqueje. Más grave es la estrategia visual adoptada, porque los movimientos espásticos de cámara, cuando la acción presenta a un personaje quieto, o efectismos de puesta ante una situación sin ningún peso (el caso del plano subjetivo del celular o desde los pies en picado), son todas consecuencias de alguien que está jugando con todos los recursos de los aspectos visuales sin ningún tipo de criterio. A todo ello hay que adosarle los graves problemas de tono, cuando quiere ser una comedia absurda tanto como cuando pretende conmover, lo que sale de ahí es solo una música emotiva de tira diaria, de cuando existía ese formato en la televisión. Ni siquiera los títulos están bien escritos: «Dirgida por…», «Asensorista», si hay una ausencia de preocupación en detalles importantes, porque habría una atención en cuestiones fundamentales.
Una vergüenza en todos los niveles, incluyendo a quienes tomaron la decisión de programar esta catástrofe audiovisual en una competencia. Lo peor de esta edición y de cualquier otra.
«No preguntes» es parte de la Competencia Argentina del 40° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.